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ARZOBISPO
DE CAMAGUEY
Y LOS OBISPOS GARCIA IBAÑEZ
Y ARANGUREN
ALCANZAN INFLUYENTES POSICIONES
EN LA CONFERENCIA DE OBISPOS
LA IGLESIA CATOLICA CUBANA
PONE EN MARCHA
SU PROPIO PROCESO DE "SUCESION"
Argentina
a las Cosas
Argentina
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Celso Sarduy Agüero
Jefe de Buró
Cono Sur/Sudamérica
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Marzo 23, 2006
Con ocho diócesis, tres arquidiócesis y unas 600 iglesias
en actividad, Cuba mantiene su fe católica, a pesar de los
deseos de Fidel Castro.
Las autoridades
de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC) acaban
de ser renovadas.
La etapa
que ahora se inicia será conducida por el joven arzobispo
de Camagüey, Juan García Rodríguez, un tan
activo como prudente y valiente prelado de 58 años de edad,
oriundo de esa misma ciudad, que salió del riñón
mismo del pontífice Juan Pablo II, quien lo consagró
obispo y promovió -luego- a arzobispo con sede en su ciudad
natal.
Lo acompañarán
ahora en su gestión, como vicepresidente, monseñor
Dionisio García Ibáñez, el buen obispo de Bayamo-Manzanillo,
y como secretario general, monseñor Emilio Aranguren,
hoy prestigioso obispo de Holguín, en cuya diócesis
precisamente se desempeña hoy, como misionero, el ejemplar
joven sacerdote argentino, Jaime Morea.
La COCC, como
es habitual, se desempeñará con un Comité
Permanente, el cual estará integrado por el cardenal
Jaime Ortega Alamino, arzobispo de La Habana, y por el mencionado
obispo de Holguín, Emilio Aranguren, cuya influencia pastoral
ha crecido significativamente en los últimos tiempos.
Cuba, cabe recordar,
tiene ocho diócesis y tres arquidiócesis (las últimas
ubicadas en La Habana, Santiago y Camagüey), con unas 600 iglesias
católicas que están activas, en las que ejercen su
ministerio unos 330 sacerdotes, de los que apenas la mitad -esto
es, unos 155- son cubanos y el resto proviene en, cambio, de otros
países.
Hay, además,
unas 646 religiosas católicas, de las cuales solamente 130
son cubanas.
Ocurre que Fidel
no ve con demasiada simpatía a la Iglesia Católica,
y mucho menos a las vocaciones religiosas. Porque él, y no
otro, es el único Dios que -en su asombrosa pequeñez-
él admite. Muy pronto veremos, sin embargo, que sólo
Dios (y no Fidel) es eterno. Así lo enseña la historia,
más allá de la retórica.
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