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ORIGEN
DE LAS DISTINTAS VERTIENTES
DEL ISLAM
Sunnitas,
chiítas y jaridchíes en un disenso de trece siglos
Libro: El Islam
- Eric Santoni (1990)
(Fragmentos)
Archivos:
Máximo Tomás
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Abril 22, 2006
En el año 610 dc. en Arabia con la revelación a Mahoma
en el monte Hira da inicio la que será la tercera de las
religiones monoteistas del mundo. Durante mas de dos décadas
antes de su muerte el mensaje de Dios a través del Arcángel
Gabriel al profeta reproducido en versos (suras) comienza a dar
forma al que se conocerá como el texto sagrado del Coran.
Muerto el profeta en 632 dc. los cerca de cien mil seguidores de
entonces suman mas de 1.000 millones al comienzo del tercer milenio.
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"Las fisuras aparecieron muy pronto en el islam. El primer
problema se planteó por la sucesión del Profeta. Mahoma
había mostrado sus preferencias por Alí, su sobrino
y yerno, al que había investido «de una jurisdicción
igual a la suya». Pero, a pesar de haber sido el designado,
Alí, tal vez porque era aún muy joven cuando murió
el Profeta, fue postergado por tres califas antes de llegar a dirigir
la comunidad. Alí, padre de los nietos del Profeta, reclamó
desde el primer momento sus derechos sucesorios, pero se encontró
con una oposición virulenta. Estas desavenencias dieron lugar
a las primeras escisiones. En el año 657 de la era cristiana,
Alí y sus partidarios aceptaron el arbitraje de las armas
para dirimir quién debía dirigir la comunidad', en
la batalla de Sifin, en el 661, Alí fue derrotado por el
gobernador de Siria, Mo'áwiya.
Acababan de
nacer el sunnismo y el chiísmo. Los chiitas o guerrilleros
de Alí; los sunníes o las gentes de la Sunna (la tradición).
Un tercer grupo se escindió de Alí, los jaridchíes,
que quiere decir los «que se fueron». Estos «escapados»
le reprocharon a Alí haber aceptado el arbitraje temporal,
puesto que ellos y cogiendo a contrapié a los chiitas
en su propio terreno consideraban que el heredero y jefe del
islam no tenía por qué ser un descendiente del Profeta,
sino que el designado debía ser el más digno y el
más piadoso de la comunidad, aunque fuese «un esclavo
negro». Este principio explica su éxito entre poblaciones
islamizadas, como los beréberes del Magreb. En los primeros
tiempos, la sucesión era el único punto que dividía
a las sectas, pero pronto esta sucesión se convirtió
en un tema ideológico y fue así como apa- recieron
las diferencias doctrinales que, con el paso del tiempo, se fueron
acentuando. Los jaridchíes son muy rigurosos, obligando a
sus adeptos a una moral muy estricta. Hoy constituyen una comunidad
de apenas un millón y medio de personas y están muy
extendidos en el sultanato de Omán, en la isla tunecina de
Dcherba, en el sur de Argelia y en Zanzíbar. También
se les llama mzabíes (por estar en el Mzab argelino) e ibadíes.
Nueve de cada
diez musulmanes son sunníes actualmente. No admiten las sectas,
pero los sunníes reconocen las cuatro escuelas jurídicas
admitidas (ver página anterior): hanafí, maliquí,
shafe'í y hanbalí. Los wahabíes, en el poder
en Arabia Saudí, no son, a pesar de la idea extendida, una
secta. Son sunníes puritanos y muy ortodoxos. Su denominación
de wahabíes se debe al encuentro en el siglo XVIII entre
el rey soldado Sa'úd I y el jefe religioso Ábd al
Wahab.
Los chiitas
han tenido, a lo largo de la historia, muchísimas disidencias.
Si diez de cada cien musulmanes son chiitas, nueve de éstos
se reclaman de la tendencia que habitualmente se llama chiísmo
ortodoxo o duodecimano y también imaní. El resto está
dividido en varias tendencias: zaydíes en Yemen, ismailíes
en la India y Pakistán; alauíes o nosayríes
en Siria, drusos en Líbano, Siria e Israel. Los dos últimos
grupos se orientan teológicamente hacia el esoterismo. Los
chiitas creen en el imamat (o imanato), la vuelta de Alí,
Reconocen a doce imanes, de ahí el nombre de duodecimanos:
Alí yerno y sobrino del Profeta, sus dos hijos
Hasán y Husein, Alí ben Husein, Al Báqir, Dcha'afar
al Sádik, Musa ben Dcha'afar, Alí al Ridá,
Mohammed al Dchawád, Alí al Hádi y Hasán
al Askari, el hijo de este undécimo imam. Los duodecimanos
afirman que Mohammad al Mahdí es el duodécimo imán
enigmático, ya que desapareció a la edad de siete
años en el norte de Bagdad, se escondió y sigue viviendo
de una manera misteriosa, pero volverá en el fin de los tiempos
para instaurar el reino del orden y de la justicia durante mil años.
Los chiitas duodecimanos se concentran en Irán y representan
el 97% de la población, en Irak son un 60% y también
hay en el sur de Líbano.
Los ismailíes
son también llamados septimanos, ya que sólo reconocen
a siete imanes. La interpretación del testamento de Dcha'afar
al Sádik fue la base de separación entre los chiitas
imaníes y los septimanos. A mediados del siglo vil, los partidarios
del imán Ismael, al que los chiítas imaníes
habían rechazado por otro más joven, se escindieron
al afirmar que el imán poseía una luz interior, lo
que implica su infalibilidad y su carácter divino. Los ismailíes
son muy numerosos en la costa occidental de la India. También
han desempeñado un papel importante en la islamización
de África occidental. La separación entre los drusos
y los ismailíes tuvo lugar en los siglos IX y X, al afirmar
los primeros que el desaparecido imán Hakim se había
hecho invisible y estaba divinizado. Se orientan teológicamente
hacia el esoterismo, que no tiene nada que ver con el islam; los
drusos practican un culto iniciático reservado sólo
a un grupo reducido de selectos, la masa de fieles no participa
en estas prácticas.
Los nosayríes
o alauíes proceden también de una disidencia del tronco
chuta que tuvo lugar en el siglo IX. Creen en la divinidad de Alí
y sus cultos no son muy conocidos. Son numerosos en Siria, y aunque
constituyen un grupo reducido, apenas el 12% de la población,
se hicieron con el poder en Damasco en 1970. El sunnismo, ampliamente
mayoritario, nunca ha tenido una actitud hostil con respecto al
chiísmo. Mientras que el sunnismo es muy sobrio en sus demostraciones,
el chiísmo es apasionado y exuberante. Sin embargo, los chiitas,
según convenga, se mostrarán abiertamente o permanecerán
cerrados en sí mismos. Por eso, cuando eran perseguidos por
la represión sunní, los chiitas adoptaban el ketmán
o la taqiya, es decir, el disimulo religioso. Su fe les permite
que, llegado el caso, puede ser su deber ocultar en su entorno social
su pertenencia a la fe chiíta."
(Fragmentos de la siguiente fuente bibliográfica).
Libro: El Islam - Eric Santoni (1990)
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