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CHINA COMUNISTA
IGNORA LA DOCTRINA MONROE
LA MITAD DE SU INVERSION EXTRANJERA
VA A AMERICA LATINA
Xavier
Batalla
La Vanguardia
España
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Máximo Tomás
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Abril 24, 2006
Worldwatch Institute dio a conocer hace tres años unas estadísticas
gigantescas sobre China que en medios occidentales se recibieron
entre la chanza y la preocupación. Según el citado
instituto, las autoridades de Pekín estaban animando a los
chinos a comer más saludablemente, lo que no sólo
implicaría un cambio en su dieta.
Las autoridades
dijeron que cada chino debería comer unos 200 huevos al año.
Pero, y aquí está el problema para los occidentales,
el consumo de esta cantidad de huevos representaría un menú
de unas 260.000 millones de unidades, que, para producirlas, requerirían
algo así como 1.300 millones de gallinas, cuya alimentación
precisaría una cantidad de grano superior a la que es capaz
de producir Australia. Y en cuanto al pescado, si los chinos llegaran
a consumir como los japoneses, se tragarían toda la producción
mundial.
China ya ha
superado a Estados Unidos, que gasta la tercera parte de las materias
primas del planeta, en el consumo de carne y de fertilizantes. No
sólo preocupa en Occidente, sin embargo, el estómago
chino. China también gana a Estados Unidos en el consumo
de acero y carbón. El número de automóviles
está aumentando en el gigante asiático a razón
de un 40% anual, y la primera fábrica del país, First
Automotive Works, pretende multiplicar por cinco su producción
en los próximos años, con lo que se disparará
aún más la demanda china de petróleo, asunto
que es una auténtica obsesión en Washington, donde
se relaciona directamente la presente sed energética de China
con la sustancial subida de los precios del barril de petróleo.
China puede
ser una solución a los problemas occidentales. ¿Cuál
es la economía que más crece? La china. ¿Cuál
es el mercado al que nadie en Occidente quiere renunciar? El chino.
¿Cuál es la fuente que puede alimentar la economía
estadounidense? La china. Pero, al mismo tiempo, China puede ser
un problema, y grave. ¿Cuál es la fábrica que
más empleos puede eliminar en el mundo desarrollado? La china.
¿Qué país rivalizará de aquí
a veinticinco años con Estados Unidos en cuanto a contaminación?
China. El gigante asiático tiene, pues, dos caras: para los
que en Estados Unidos proponen su contención, China es una
amenaza a largo plazo; para los que apuestan por la cooperación,
China puede ser un negocio histórico.
Hay algo, sin
embargo, que preocupa en Washington a corto plazo: que los dirigentes
de Pekín actúen en América Latina como si no
hubieran oído hablar de James Monroe, el presidente que en
1823 anunció la doctrina por la que Washington decretó
que los intentos europeos de tener influencia en el hemisferio occidental
serían considerados peligrosos "para la seguridad"
de Estados Unidos. A principios del siglo XXI, la mitad de la inversión
china en el extranjero ya se destina a América Latina, que
es un depósito de materias primas, y en los próximos
cinco años se elevará a más de 83.000 millones
de dólares.
La Administración
Bush, para evitar, entre otras cosas, que India se beba el petróleo
que no sobra ha sellado un controvertido compromiso con Nueva Delhi
para suministrarle tecnología nuclear. Es decir, ha optado
por la zanahoria. Lo que no está tan claro es qué
ofrecerá Washington a Pekín para que no sea tan beligerante
en cuanto al reparto del pastel del crudo. ¿El palo, o sea,
la contención, o la zanahoria, es decir, la cooperación?
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