Antonio M. Rivera
 
Evi Jimenez
 
 
 



DISMINUYE Y ENVEJECE
LA COMUNIDAD CHINA EN CUBA







Vanessa Arrington
Associated Press
La Habana
El Nuevo Herald
Florida
E.U.
Infosearch:
Celso Sarduy Agüero
Jefe de Buró
Cono Sur/Sudamérica
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Mayo 30, 2006


Primero llegaron en los barcos españoles para trabajar en las plantaciones azucareras de Cuba. Más tarde vinieron huyendo del comunismo, para abrir restaurantes y verdulerías. Pero el tiempo y la emigración ha reducido la otrora vibrante comunidad china en Cuba a un puñado de ancianos, que vive sus tradiciones después de haber adoptado las de su patria adoptiva.

Los viejos inmigrantes chinos todavía caminan por las calles del "Barrio Chino" de La Habana, donde juegan mahjong y almuerzan juntos, practican tai chi y leen revistas chinas en asociaciones con nombres como Min Chih Tang y Lung Kong.

Apenas quedan 143 nativos chinos registrados en la capital cubana, 113 de ellos varones, según Cristina Nip, descendiente de chinos que dirige el programa de trabajos sociales en el Barrio Chino. Después de vivir décadas en la isla, dicen que se sienten tan cubanos como chinos.

"Las dos partes, igual", dijo Julio Li, de 70 años, cuyo nombre mismo refleja la síntesis. "Hablo español y hablo chino. Tomo ron cubano y té chino".

Li, ya retirado, leía una edición de Newsweek en chino mientras fumaba un cigarro, descansando en un salón de la asociación Min Chih Tang. Se proponía jugar mahjong más tarde, en preparación para una competencia de un festival en celebración de la comunidad china en Cuba.

Li llegó a Cuba con sus padres cuando tenía 14 años. Su padre vendía verduras en un mercado de La Habana, como lo hizo también el hijo.

Los inmigrantes chinos formaron una vibrante comunidad de comerciantes y agricultores en Cuba, donde vinieron para huir del comunismo y de las penurias económicas chinas a fines de la década del 40 y del 50. Tuvieron que enfrentar la ironía de que su refugio se tornó comunista bajo Fidel Castro.

Muchos comerciantes prósperos decidieron irse de la isla y pasaron a ingresar otras numerosas comunidades de inmigrantes chinos en Estados Unidos y Latinoamérica tras la revolución de Castro en 1959. Los que quedaron tuvieron que ceder sus comercios y negocios al gobierno y recibieron empleos estatales.

"Ha cambiado mucho aquí; yo me conformo", dijo Li, quien afirmó que se había quedado en Cuba porque no tenía ni los medios ni el deseo de irse. "No me meto en política. Ni política cubana ni política china, ninguna".

Pese a ser septuagenario, Li está entre los más jóvenes de la comunidad china en Cuba, cuya mayoría pasa de los 80 años. Tres centenarios fallecieron el año pasado, dijo Nip, quien hace visitas al Barrio Chino y a otros sectores de La Habana para llevar la cuenta de los que quedan.

Varios chinos ancianos también viven en otras ciudades de la isla, aunque la mayor concentración se encuentra en la capital, indicó.

La presencia china en Cuba data de 1847, cuando un grupo de 200 inmigrantes de la provincia de Cantón arribó en un barco español para trabajar en los ingenios azucareros.

Decenas de miles de chinos llegaron desde mediados hasta finales del siglo XIX como trabajadores contratados, y muchos de ellos laboraron durante años en una virtual esclavitud por unos pocos pesos mensuales.

Cuando la esclavitud fue abolida a fines de ese siglo, los chinos empezaron a formar una clase en ascenso de propietarios de restaurantes, lavanderías y puestos de verduras. Muchos de ellos trajeron a toda su familia desde China, principalmente de Cantón.

Muchos de los que llegaron con la más reciente ola inmigratoria hace más de 50 años nunca regresaron a China de visita, y otros lo hicieron apenas una o dos veces. En el 2003, los gobiernos de Cuba y China organizaron un viaje de visita de cinco nativos chinos, y hay planes para repetir el proyecto para una docena de ancianos, dijo Nip.

Los que quedan en Cuba todavía prestan alguna atención a los acontecimientos políticos y económicos en China, pero parecen más interesados en las noticias personales que reciben en las cartas de sus familiares.

"Siempre estoy pensando en mi familia allí", dijo Ofelia Lau Si, de 85 años, que emigró a Cuba con su esposo en 1949 y es apenas una de 30 mujeres chinas nativas en la isla. "Una vez visité a mi familia y yo, muy contenta".

Pero ahora también tiene una familia numerosa aquí, con parientes políticos cubanos y nietos que apenas hablan chino.

"Ya están un poco lejos de las tradiciones", admitió.

Angel Chiong, de 81 años, administrador de Kwong Wah Po, un diario chino que aparece dos veces por mes en La Habana, dijo que ha regresado a China varias veces y que todavía siente estrechos vínculos con la patria.

"Nací allí y eso no puede quitarse", afirmó. "Pero cuando tienes tantos años, vivir aquí o allí, ¿cuál es la diferencia?"











 


 


 








 

 


 




 


 

 

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