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EL DEBATE
INTELECTUAL IRANI
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estar a favor o en contra de Occidente ya no es el problema.
El verdadero problema es quiénes somos nosotros. Y no
podemos responder a esa pregunta sin sentirnos parte del mundo
y responsables de lo que ocurra en él."
Ramin Jahanbegloo
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Por Ramin Jahanbegloo
Filósofo iraní
Abril 20, 2006
El País
España
Archivos
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Mayo 4, 2006
Como cabía
esperar, las conversaciones entre Europa e Irán prácticamente
han llegado a un punto muerto, y la Unión Europea se ha sumado
a EE UU en su decisión de remitir el tema de Irán
a la ONU para la aplicación de unas posibles sanciones. Pero
lo que los medios de comunicación europeos y de otros países
del mundo normalmente omiten son las múltiples facetas de
la sociedad iraní. Irán es una yuxtaposición
de paradojas y contradicciones. El país está situado
en el corazón de Oriente Próximo y, sin embargo, su
población no es árabe. Es predominantemente musulmán,
pero chií. Es rico, pero subdesarrollado. Ha sido explotado
en exceso, pero nunca colonizado. Es un mosaico étnico como
India, pero su unidad nacional es cohesiva. Y, en último
lugar, pero no menos importante, Irán es uno de los pocos
países musulmanes donde se puede encontrar una sociedad civil
vital y activa.
Actualmente
en Irán, la sociedad civil es objeto de un intenso debate
debido a los límites de la responsabilidad y la descentralización
política del país. A los actores de la sociedad civil
iraní les preocupan las estructuras que median entre el Gobierno
y los ciudadanos. Son tan importantes como lo eran los miembros
de la sociedad civil durante el periodo comunista en Polonia y Checoslovaquia.
En el Irán actual, sociedad civil no significa dirigir una
economía de mercado independiente del Estado. La sociedad
civil es una esfera alternativa de la ciudadanía que mantiene
una promesa de autonomía individual más allá
de las actitudes sectarias políticas y religiosas. Más
que un mero sector voluntario o caritativo,
la sociedad civil iraní es un sector ético.
Es un esfuerzo diario por sentirse más cómodo como
ciudadano en contraposición a formar parte de una sociedad
organizada sobre una base teológico-política. La responsabilidad
moral de los miembros de la sociedad civil iraní, por su
función de dar significado a lo que no existe, es mayor que
en cualquier otra época.
Durante los
últimos 15 años, el papel de los intelectuales ha
sido crucial para aportar aire fresco a la sociedad civil iraní.
Mientras que los intelectuales revolucionarios de finales de los
años setenta y principios de los ochenta no lograron ofrecer
planteamientos alternativos al discurso dominante de la revolución
iraní, los denominados intelectuales religiosos de los años
noventa intentaron replantearse el viejo enfrentamiento entre modernidad
y tradición. En la actualidad, los intelectuales religiosos
están divididos en dos grupos: reformistas y neoconservadores.
El grupo de los reformistas está representado por nombres
como Abdolkarim Soroosh, Mohsen Kadivar, Alavi-Tabar, Hasan Yusefi
Eshkevari, Mojtahed Shabestari y otros. Los rasgos unificadores
de este grupo incluyen su reconocimiento de la reforma del pensamiento
islámico, la democracia, la sociedad civil y el pluralismo
religioso, y su oposición a la supremacía absoluta
del faqih (jurista). El auge de los intelectuales religiosos se
puede seguir a través de los escritos de Soroosh. La principal
idea de Soroosh es que existen verdades religiosas inalterables,
pero nuestra percepción de ellas sigue estando supeditada
a nuestros conocimientos científicos y filosóficos.
Soroosh habla sobre la posibilidad de una democracia islámica.
Para él, el papel del filósofo es el de conciliar
religión y libertad. Insiste en la existencia de dos conceptos
religiosos: el maximalista y el minimalista. Desde la perspectiva
maximalista, todo debe derivarse de la religión, y la mayoría
de los problemas actuales del islam provienen de esta visión.
La visión minimalista implica que algunos valores, como el
respeto por los derechos humanos, no pueden derivarse de la religión.
En opinión de Soroosh, debe prevalecer el concepto minimalista,
o el equilibrio entre islam y democracia no será posible.
Motjtahed Shabestari
está entre los escasos intelectuales religiosos iraníes
que cuestionan la visión monista del islam. Según
él, el discurso islámico oficial en Irán ha
provocado una doble crisis. La primera se debe a la creencia de
que el islam engloba un sistema político y económico
que ofrece respuestas relevantes a todos los periodos históricos;
la segunda implica la convicción de que el Gobierno debe
aplicar la ley islámica como tal. A diferencia de los intelectuales
reformistas, los neoconservadores de Irán están a
favor de la preeminencia del Guía Supremo, el faqih, y contra
conceptos como democracia, sociedad civil y pluralismo. Entre ellos
están Reza Davari-Ardakani, Qolam-Ali Hadad Adel y Mehdi
Golshani. El más famoso de ellos es Reza Davari-Ardakani,
quien, como filósofo antioccidental, conoce la obra de Martin
Heidegger. Adopta la crítica de Heidegger a la modernidad
y le aporta una terminología islámica. Rechaza el
modelo occidental de democracia basado en la separación de
política y religión. A Davari-Ardakani, presidente
de la Academia Iraní de la Ciencia, se le podría considerar
el portavoz filosófico del régimen islámico.
Los intelectuales
reformistas y neoconservadores no dominan toda la esfera pública
iraní. Existe una nueva generación de intelectuales
iraníes que no divulgan ninguna ideología, pero aun
así, menoscaban los principios filosóficos e intelectuales
del orden establecido. Esa generación se caracteriza por
intelectuales laicos posrevolucionarios como Javad Tabatabai, Babak
Ahmadi, Hamid Azodanloo, Moosa Ghaninejad, Nasser Fakuhi y Fatemeh
Sadeghi. Se les puede definir como intelectuales dialogísticos,
en contraste con los intelectuales revolucionarios de los años
setenta y ochenta. La importancia conferida a la idea de que la
verdad debería replicar al poder en la constitución
del nuevo espacio intelectual iraní revela las afinidades
de esta generación más joven con el ideal del pluralismo
de valor. Este pluralismo de valor plantea la cuestión de
Occidente como el otro. Estos actores de la sociedad
civil iraní creen que la urgencia política e intelectual
del encuentro iraní con el mundo global exige un intercambio
entre culturas. Al ayudar a mantener ese intercambio dialogístico
con la modernidad y Occidente, la nueva generación de intelectuales
se está librando del chantaje del a favor o en contra
de Occidente.
El estar a favor
o en contra de Occidente ya no es el problema. El verdadero problema
es quiénes somos nosotros. Y no podemos responder a esa pregunta
sin sentirnos parte del mundo y responsables de lo que ocurra en
él. Por tanto, la idea de responsabilidad es lo que más
importa en la sociedad civil iraní. Veintisiete años
después de la revolución de Irán, la contribución
característica de su sociedad civil no es cómo elegir
entre moralidad y política, sino cómo forjar una política
de la responsabilidad, ya que, en su ausencia, sólo habría
falsedad.
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