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PROSTITUCION
EN CUBA:
LA TRISTE CARNE DEL DOLAR

Por Ivette
Leyva
Especial para El Nuevo Herald
El Nuevo Herald
Florida
E.U.
Infosearch:
José F. Sánchez
Jefe de Buró
Cuba
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Junio 27, 2006
EL MURO del Malecón es uno de los habituales puntos de reunión
de las jineteras, muchas con menos de 15 años. El gobierno
se ha mostrado incapaz de afrontar este dramático fenómeno.
Tati, La Fabulosa, se dedicó a la prostitución desde
niña y murió con 19 años por las heridas sufridas
en una riña callejera en el habanero Parque de la Fraternidad.
El escritor Amir Valle la recuerda como una jovencita bellísima,
envuelta en una aureola de inocencia que se hacía pedazos
nada más de abrir la boca. Le contó su vida con un
lenguaje tan grosero que el periodista tuvo que dedicar varias horas
a la transcripción.
Los testimonios de Tati y otras prostitutas cubanas aparecen en
Jineteras, el resultado final de nueve años de inmersión
de Valle en el lado oculto de la sociedad cubana.
Aunque acaba de ser publicado por la editorial Planeta, el texto
ya se había convertido en un best seller clandestino dentro
y fuera de Cuba. Hace seis años, Valle presentó una
versión inicial en el concurso literario Casa de las Américas
-- en el cual fue ignorado -- y alguien lo sustrajo, lo escaneó
y lo puso a circular en Internet sin su conocimiento.
En Jineteras se escuchan las voces de personas de todos los niveles
de la sociedad cubana involucradas en la amplia red del jineterismo,
algunas identificadas por sus nombres. Ellas exponen descarnadamente
los mecanismos de supervivencia y explotación dentro del
amplio sector marginal, minimizado o ignorado por el gobierno cubano.
Valle, de 39 años, cree por el contrario que la prostitución
se ha extendido de forma alarmante, y calcula que unas 20,000 prostitutas
ejercen de forma regular o esporádica. El periodista reside
en Cuba y conversó con El Nuevo Herald desde Berlín,
donde se encuentra actualmente gracias a una beca literaria.
¿A qué atribuye que la jinetera sea una figura
de éxito en Cuba?
Creo que se ha producido un cambio en la conciencia social en Cuba.
Antes de la Revolución, las figuras más detestadas
eran la puta y el chivato. Hoy, para muchas familias cubanas no
es un trauma que una hija sea jinetera. Incluso he estado con familias
que hacen chistes sobre un futuro así para sus hijas pequeñas.
Desde hace 20 años ser profesional en Cuba no significa nada:
los marginales alcanzan mejores niveles de vida que los universitarios.
Las prostitutas y los vendedores de ron y de tabaco se han convertido
en símbolos de éxito. Son como pequeños alcaldes
de los lugares donde viven.
A pesar de que durante décadas se educó a la gente
en la creencia de que los estímulos morales eran más
importantes que los estímulos materiales, eso se vino al
piso en la medida en que los cubanos comenzaron a entrar en contacto
con los modelos de vida extranjeros: primero con los viajes de la
comunidad [exiliados cubanos en Estados Unidos], a partir de 1979,
y luego con el turismo. La gente comenzó a cuestionarse las
cosas impuestas, porque empezó a tener nivel de comparación.
Mi tesis es que la prostitución nunca desapareció
completamente de Cuba: lo que se produjo en los años 90 fue
un estallido de ese mal social ante la pobreza extendida a todas
las capas de la población. En una sociedad llevada casi al
exterminio cualquier forma de supervivencia es aceptable. Lo que
sucedió en Cuba demuestra que no vivimos en una sociedad
distinta a las demás.
En las esferas oficiales hay triunfalismo por el supuesto control
que se ha logrado sobre la prostitución. ¿Comparte
ese criterio?
Lo que ha pasado es que a raíz de la represión que
comenzó en el 1997, el fenómeno se ha complejizado
y ramificado. Si antes las jineteras eran visibles, en las áreas
de los hoteles y en las zonas turísticas, ahora están
operando subrepticiamente desde los barrios, con la complicidad
de los vecinos, que muchas veces participan de alguna manera en
el negocio.
Creo que la sociedad cubana ha pasado por diferentes etapas desde
que se destapó el jineterismo. Alrededor de 1996, no se tenía
conciencia de la magnitud del fenómeno. Tengo la impresión
de que las autoridades lo minimizaron y se les fue de las manos.
Luego trataron de apagar el asunto, con el argumento absurdo de
que generar un debate a nivel social o en los medios de comunicación
era ``darle armas al enemigo.
Ahora, el criterio que impera, y esto se lo oí decir a un
par de funcionarios, es que el país tiene problemas más
graves que resolver.
Muchas de las jineteras que entrevistaste son menores de edad, pero
no tienen conciencia de ello, y los proxenetas consideran niños
sólo a los menores de 11 años.
¿Hasta qué punto está extendida la prostitución
infantil, o sea, de menores de 18 años, en Cuba?
La mayoría de las jineteras son menores de edad, y la mayoría
de los [muchachos que ofrecen servicios sexuales a los turistas]
tampoco llegan a los 16 años, que es la mayoría de
edad en Cuba.
Me llamó la atención que muchas de las personas que
entrevisté consideraban que un niño o niña
de 12 años ya tenía ''suficiente maldad'' para entender
lo que estaba haciendo. Es curioso que exista una especie de acuerdo
en ese mundo para considerar los 11 años como el límite
entre la niñez y la adultez.
En general sólo consideraban prostitución infantil
al hecho de forzar a un menor a tener relaciones sexuales por medios
inocentes, no cuando ellos se iniciaban voluntariamente.
Aunque sus entrevistados coinciden en que existe el problema
de la pedofilia, no hay testimonios directos de cuán extendida
está esa perversión sexual. ¿Por qué?
Me topé con casos muy alarmantes de pedofilia con niños
de retraso mental entre 1995 y 1997, que se llegaron a divulgar
en la prensa oficial. Recopilé mucha información sobre
esto, pero era un tema muy delicado. Decidí no citar los
nombres de familiares de las víctimas y finalmente traté
el tema en el terreno de la ficción en mi novela Las puertas
de la noche (2001).
Entre sus entrevistados hay policías involucrados en el
jineterismo. ¿Está muy extendida la corrupción
dentro de la policía cubana?
Todo es una gran amalgama. La mayoría de los policías
vinculados a la prostitución son reclutas, los que antes
llamaban ''siete pesos''. El policía cubano está muy
mal pagado, mal equipado, y también tiene que sobrevivir
y buscarse la vida. Y si ve la posibilidad de hacerlo a través
de la prostitución, lo hace.
Se sabe que la policía está corrupta, y las autoridades
del Ministerio del Interior (MININT) tienen conciencia de esto y
han hablado de una campaña contra la corrupción interna.
¿Cuál fue la principal dificultad que encontró
en sus investigaciones? En el libro afirma que ningún funcionario
le concedió una entrevista. ¿Cuánto influyó
en su trabajo la falta de acceso a las estadísticas oficiales?
En Cuba sucede algo que me da vergüenza. Si intentas hacer
una entrevista sin aval del medio de prensa, te cierran todas las
puertas. En mi caso, la mayoría no supo que yo era periodista,
porque me acercaba como investigador. Los primeros contactos me
los facilitó Susimil, una vieja conocida que se dedicó
al jineterismo y cuyo testimonio es central en mi libro, pero lo
más difícil sin dudas fue romper la barrera que te
impone ese mundo.
Un montón de gente me dijo que no, pero el hecho de que yo
vivía en un barrio marginal, en Centro Habana, también
me abrió puertas porque la gente sabía que yo no era
nadie oficial, que no era informante.
Aunque no tuve respuesta de los funcionarios, sí recibí
ayuda de personas amigas en instituciones oficiales, y me dieron
acceso a estudios y estadísticas. Existen estudios sobre
temas tabú en la sociedad cubana, como el suicidio, la violencia
y el sida y las estadísticas son alarmantes, pero no se publican.
¿Cuán efectivos han sido los métodos adoptados
por el gobierno cubano para
disminuir la prostitución?
Inicialmente se colocó el ''combate contra la prostitución''
en manos de instituciones que todo el mundo sabe que no funcionan,
como los Comités de Defensa de la Revolución (CDR),
la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), y finalmente, quedó
en manos de la policía.
No creo que las medidas represivas que se han adoptado -- como detener
a las jineteras y enviarlas a las granjas de reeducación
-- vayan a resolver el problema. De hecho, yo calculo que existen
unas 20,000 jineteras operando en todo el país, una cifra
muy superior a que la que se maneja en las esferas oficiales.
En el último año se han tratado de establecer modos
de control y adoctrinamiento, que tampoco creo que den mucho resultado
si se hace sólo eso. Es imprescindible un debate público
sobre el fenómeno, en los medios de comunicación y
en la sociedad, si se quiere enfrentar de forma más eficiente
el jineterismo.
¿Se publicará Jineteras en Cuba?
He hecho gestiones a todos los niveles para que se publique, pero
hasta ahora no he tenido respuesta. Ha sido la táctica del
silencio y del ninguneo.
La editorial que lo publicó en España, Planeta, nunca
ha estado invitada a la Feria Internacional del Libro de La Habana,
así es que por esa vía tampoco llegará a los
lectores cubanos.
Fragmento
Del testimonio de Myrna, abogada y ex militante del Partido Comunista
de Cuba, sobre su experiencia como reclusa en una granja de reeducaión.
Hay de todo en ese mundo: las pobres que son arrastradas por chulos;
las miedosas que no pueden enfrentar a su miedo y ceden a las presiones,
incluso de sus maridos, para que se prostituyan; las que lo hacen
por puro placer sexual; las que apostaron por jinetear para salir
del país, y muchas otras inocentes que, como yo, pagaban
cuentas que algunas ni siquiera imaginaban.
No recuerdo cuántas veces tuve que abrir las piernas para
que [uno de los guardias] se vaciara dentro de mí. Nos turnaba.
Había seleccionado a las más bonitas y nos turnaba.
Una por día. Con la amenaza de que sus influencias podrían
hacer que nos pudriéramos allí.
[Había también] las muchachitas que no soportaban
y se suicidaban, como Clara, la camagüeyana, de 21 años,
que se ahorcó colgando de un árbol un alambre de púas
que ella misma había arrancado de una cerca.
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