Antonio M. Rivera
 
Evi Jimenez
 
 
 

LUCES Y SOMBRAS
DEL DESARROLLO ECONOMICO
DE CHINA COMUNISTA







Terra Actualidad
EFE
España
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José Cadenas
Jefe de Buró
E.U.
Dept.
de Investigaciones
La Nueva Cuba
Julio 3, 2006






La globalización y la apertura económica china, que cambiaron los hutong por rascacielos y el arroz por Macdonald's, han convertido al país asiático en la quinta economía del mundo en función del PIB, a la par que han disparado la desigualdad social.

Mientras que los dueños de apartamentos de alquiler de la zona financiera de Pekín no tienen nada que envidiar a sus colegas londinenses o neoyorquinos, los obreros que han levantado esas moles de acero y cristal apenas cobran 100 euros al mes.

El despegue económico y el desequilibrio son las dos caras de esta misma moneda que es la China comunista contemporánea.

Con un coeficiente GINI de desigualdad (aceptado internacionalmente para medir las disparidades sociales) que ha alcanzado el 0,45 y que, según la teoría, sitúa al país en peligro de estallido social (lo ideal es un 0,2), China debe tomar medidas para acortar distancias entre ricos y pobres.

Pekín no se ha vuelto ciega ante este devenir, y ha reconocido en su último Plan Quinquenal (2006-2010) la necesidad de invertir en las zonas rurales, sobre todo en educación y sanidad, para elevar el nivel de ingresos de los casi 800 millones de habitantes del campo.

Estas políticas pretende convertir a estos campesinos, excluidos de facto del circuito económico, en consumidores potenciales que cimenten el despegue del país, y reducir así las desigualdades.

Más de 85 millones de chinos viven con menos de un dólar diario (criterio de la ONU para medir la pobreza); incluidos 26 millones en 'extrema pobreza' en las zonas rurales muy por debajo de ese baremo, y otros 22 millones de pobres de solemnidad en ciudades.

El desequilibrio social no es un hecho aislado de China, sino una constante en la región asiática, a pesar de que, desde 1990, más de 250 millones de personas han dejado de vivir con ese dólar diario.

Sin embargo, en el sur de Asia la proporción de pobreza extrema sigue siendo de uno de cada tres y en Asia Oriental de uno de cada seis.

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha alertado de esta situación en su último informe sobre la región, donde ha destacado especialmente que el crecimiento económico no está siendo acompañado en muchos casos por un crecimiento del mercado laboral.

Las autoridades estiman que en las ciudades chinas 'sobran' 14 millones de trabajadores, aunque no existe cifras oficiales sobre la tasa de desempleo rural, que obliga a muchas personas a emigrar a las ciudades en busca de trabajo.

El particular sistema chino, que asigna a cada ciudadano un registro de residencia llamado 'hukou', ata a los campesinos a las zonas rurales y los convierte en 'ilegales' si deciden trasladarse a la ciudad, donde se les priva de derechos esenciales como la educación o la sanidad, aumentando las desigualdades.

Para reducir este agujero social, el PNUD hace una serie de recomendaciones para las administraciones centrales, a las que pide que inviertan en competitividad y se centren en la agricultura, la mayor afectada por la globalización.

El campo chino es buen ejemplo de este efecto, con una caída del nivel de vida rural de un 6 por ciento en los últimos años.

Puesto en números, China exportaba en 1990 productos agrícolas por valor de 2.000 millones de dólares al año (1.600 millones de euros), pasando a ser un importador neto en 2003, con partidas valoradas en 14.000 millones de dólares.

Estos renegados de la 'aldea global', necesitan de unos gobiernos dispuestos a resolver los desequilibrios, que podrían desembocar en un colapso de la economía o en revueltas sociales si no se solucionan a tiempo.

Para ello la ONU recomienda adoptar unas políticas comerciales e industriales estratégicas, que apuesten por una apertura de la economía en el momento necesario, sin precipitarse y con la imposición de barreras comerciales adecuadas y con una caducidad clara.

Estas medidas deben ir acompañadas de unos tipos de cambio estables y un sistema fiscal equitativo, que proteja a los más desfavorecidos de la sociedad para que todos puedan dar el gran salto al desarrollo.

 


 








 

 





 

 

 











 


 


 








 

 


 




 


 

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