Antonio M. Rivera
 
Evi Jimenez
 
 
 

Cuba figura en la lista
de los quince
“enemigos de Internet”
de Reporteros sin fronteras



INTERNET EN CUBA :
UNA RED BAJO VIGILANCIA



“He probado para usted el Internet cubano ”
Relato del viaje de una periodista freelance
que estuvo en la isla, para hacer un reportaje, desde el 14
de agosto al 13 de septiembre de 2006





Octubre 2006
Investigación : Claire Voeux (periodista freelance) - Julien Pain
Reporteros sin Fronteras - Despacho Internet
5, rue Geoffroy Marie - 75009 Paris
Tél : (33) 1 44 83 84 84 - Fax : (33) 1 45 23 11 51
E-mail : internet@rsf.org
Web : www.rsf.org
Reporteros sin Fronteras
Infosearch:
La Nueva Cuba
Octubre 19, 2006






Los altos funcionarios en visita para la XIV
Cumbre de Países No-alineados han debido
pensar que navegar por Internet en Cuba era
tan agradable como saborear un mojito en una
playa de arena blanca. Poca o ninguna fila de
espera, tarifas divididas por dos o por tres y ningún
control de identidad a la entrada de los
cibercafés de los grandes hoteles de La
Habana. Durante toda la semana de la Cumbre,
que reunió a un centenar de delegaciones entre
el 11 y el 16 de septiembre de 2006, los “business
centers” de los hoteles con estrellas
habían como si dijéramos endulzado las condiciones
de acceso a la Red. En el Hotel
Inglaterra, sin duda uno de los más emblemáticos
de la capital, al final de cada sesión los
administradores de la Red proponían a los
usuarios que borraran el trayecto y los sitios
recorridos, así como los cookies*. Y hay que
decir que, pocos días antes, la azafata del
cibercafé reclamaba sistemáticamente los apellidos,
nombres y número de pasaporte de todos
los usuarios…En cuanto al Habana Libre, rebajó
las tarifas de 9 a 3 dólares la hora. Realmente es
una pena que la Cumbre no haya durado más
tiempo…en cualquier caso, para los turistas y
periodistas extranjeros como yo, los únicos
autorizados a frecuentar esos grandes hoteles.
Por su parte, los cubanos, tienen que contentarse
con unos cuantos Correos de Cuba, los
cibercafés públicos. Mientras que los turistas
esperan unos pocos minutos en mullidos sillones,
con un helado de fresa y chocolate en el
Hotel Inglaterra, los autóctonos tienen que
hacer entre media hora y tres cuartos de cola en
el vecino Correo de Cuba, situado a una treintena
de metros de allí, al pie del Capitol. En la
entrada, el agente de seguridad se ofrece a
“solucionarme el problema de la fila de espera”.
Aquí se pueden solucionar muchas cosas con
dinero. Lo rechazo y por eso llego tres cuartos
de hora más tarde a uno de los siete u ocho
ordenadores que tiene el cibercafé. No me
piden el pasaporte, simplemente el nombre (de
hecho, doy ni nombre de pila) y el país de donde
procedo. De todas formas, los jovencitos de la
entrada no prestan demasiada atención.
La conexión cuesta 4,50 dólares a la hora…es
decir, casi la mitad del salario medio de un
cubano. Así que los locales prefieren optar por
la versión “nacional” de Internet, que sale a 1,50
dólares la hora : una simple dirección de mail
que permite enviar correos electrónicos desde
Cuba al extranjero, pero no navegar por la Red.
En todas partes “la conexion es superlenta”,
como indica abiertamente un panel colocado a
la entrada del Correo de Cuba de la calle
Obispo, en la Habana Vieja. En una hora hay
tiempo para leer unos tres e-mails, responderlos
y consultar tres artículos descubiertos en
Google news. La mayoría de las veces (pero no
siempre, finalmente es bastante aleatorio), si
usted escribe www.google.fr, Google news le
reenvía a las news de Cuba Una mezcla de artículos
sacados del Granma, el periodicucho oficial
del Partido Comunista Cubano, y de Prensa
Latina, la agencia de prensa oficial cubana.
Pero, tampoco hay que presentar un panorama
tan negro. Desde los Correos de Cuba, como
desde los hoteles, se puede acceder prácticamente
a todos los sitios informativos,
lemonde.fr, bbc,com, el Nuevo Herald (un diario
de Miami), e incluso a los sitios de los disidentes
del régimen castrista. Lo mismo les ocurre a
los empleados del gobierno que disponen de un
ordenador, y de acceso a Internet. “Hace años
que no abro el Granma”, cuenta Luis, que trabaja
en el Ministerio de Cultura. “Me informo en
Google y en el sitio de la BBC, y nunca tengo
problemas para consultar los sitios de la oposición”.
De hecho, yo tan solo he encontrado bloqueado
uno de los artículos que he querido leer
en Internet. El artículo, titulado “¿Qué pasará
cuando Fidel ya no esté ?”, del periódico El
Diario Montañés, está bien colgado pero al
cabo de pocos segundos aparece un mensaje

* Pequeños ficheros que se inscriben automáticamente en el disco duro de un ordenador conectado a Internet,
cuando se visitan algunas páginas Web. Permiten a los sitios recoger información sobre sus visitantes y con frecuencia
se consideran un atentado a la vida privada de los internautas.
de error. Pude leer algo como “acceso restringido…
desconfigurado”. Presa del pánico, cerré
la página y el aviso continuaba allí. Pero no, de
hecho lo más peligroso en mi calidad de periodista
freelance sin visado de prensa (que se
negaban casi sistemáticamente en el momento
de la Cumbre de los No-alineados), fue finalmente
el intercambio de e-mails Los primeros
sudores fríos me llegaron en Viñales, en la provincia
occidental de Pinar del Río. En esa
pequeña ciudad turística, el acceso a Internet
se reducía a un único lugar (el segundo estaba
estropeado) en una salita detrás de una agencia
de turismo. Un responsable de Reporteros sin
Fronteras me envió por e-mail las coordenadas
de los principales disidentes en la isla, con
estrellas y otros signos de puntuación intercalados
entre las letras, para evitar que las autoridades
reconocieran esas palabras clave. Pero las
precauciones no fueron suficientes. Apenas
tuve tiempo de leer las direcciones y teléfonos
de tres opositores, cuando apareció un mensaje
de error. “El programa se cerrará en unos
segundos por razones de seguridad del
Estado”. ¡Guau !… felizmente no me habían
pedido el número de pasaporte al entrar. La
segunda vez me encontraba en el muy elegante
hotel NH Parque Central, donde la conexión
cuesta la bagatela de 12 dólares a la hora.
Estaba completamente sola en una sala con
aire acondicionado a punto de escribir un artículo
en Word, para el diario belga Le Soir. Había
adquirido la costumbre de escribir los textos
normalmente y no cambiar los términos sensibles,
como Castro, revolución o disidentes,
hasta el momento de enviar el mail. Entonces
los reemplazaba por palabras anodinas (fanfán,
mermelada o padres), y transmitía la descodificación
por SMS. Pero esa vez irrumpió en mi
pantalla el mismo mensaje ::”El programa se
cerrará en unos segundos, etc.”. escribí Ctrl A
(seleccionar todo mi documento) y Ctrl C
(copiar), y la página se cerró. Después pegué el
texto, me lo envié a mi propio buzón de mail, y
nunca más volví a pisar el NH Parque Central.
A partir de ese momento tomé todas las precauciones
posibles e imaginables. Me serví
incluso de un buzón de mail abierto por
Reporteros sin Fronteras. Escribía los artículos
sistemáticamente codificados, y los dejaba en
el apartado de “borradores”, sin enviarlos.
Después, alguien en Francia abría ese buzón y
transmitía los artículos a mis redacciones.
No conocemos las estrategias, ni los métodos
de la policía cubana ; o, en todo caso, los conocemos
muy mal. La vigilancia de la Red me ha
parecido, de hecho, bastante arbitraria. El nivel
de vigilancia depende de los hoteles y de los
ordenadores, y también de la suerte. Pero más
vale estar atentos. Y emplear todos los medios
para evitar encontrarse en una situación peligrosa,
incluso ser expulsado. Yo tuve la suerte
de coger el vuelo de regreso en la fecha prevista,
sin pasar por las oficinas de la policía. Las
mallas de la red eran finalmente lo suficientemente
amplias como para dejar pasar a los
peces pequeños, como yo.

Con menos de dos internautas por cada 100
habitantes, Cuba figura entre los países más
retrasados en materia de Internet. Es, con
mucho,el menos surtido de América Latina
–Costa Rica tiene 13 veces más- y se sitúa al
nivel de Uganda o Sri lanka. En una isla que presume
de tener uno de los niveles de educación
más altos del planeta, esto es algo que sorprende.
Las autoridades defienden ese catastrófico
balance esgrimiendo el embargo norteamericano,
que les impediría equiparse con el
material necesario para el desarrollo de la Red.
Explican que, al no poderse enganchar al
Internet mundial a través de cables ópticos submarinos,
se ven reducidas a utilizar conexiones
por satélites. Costosas y menos eficaces. Este
argumento puede, de hecho, explicar la lentitud
del Internet cubano y las interminables filas de
espera en los cibercafés. Pero no justifica en
absoluto el sistema de control y vigilancia de la
Red, creado por las autoridades. En un país
donde los medios de comunicación están bajo
la bota del poder, naturalmente se ha convertido
en una prioridad impedir la circulación de información
independiente por Internet.
La investigación llevada a cabo por Reporteros
sin Fronteras revela que el gobierno cubano utiliza
varias palancas para garantizar que ese
medio de comunicación no se utilice de forma
“contrarrevolucionaria”. Para empezar, prácticamente
tiene prohibidas las conexiones privadas
a la Red. Por tanto, para navegar o consultar
sus e-mails, los cubanos tiene obligatoriamente
que pasar por puntos de acceso públicos
(cibercafés, universidades, “ Club joven de
computatcion», etc.), donde es más fácil vigilar
su actividad. Después, la policía cubana ha instalado,
en todos los ordenadores de los cibercafés
y de los grandes hoteles, programas que
desencadenan un mensaje de alerta cuando
encuentran palabras-clave “subversivas”. Por
otra parte, el régimen se asegura de que los
opositores políticos y los periodistas independientes
no accedan a Internet. Para éstos últimos,
comunicar con el extranjero es un auténtico
calvario. Finalmente, el gobierno apuesta
por la autocensura. En Cuba se puede condenar
a veinte años de cárcel por algunos artículos
“contrarrevolucionarios” publicados en
sitios extranjeros, y a cinco años simplemente
por conectarse al Net de manera ilegal. Pocos
internautas se atreven a desafiar la censura del
Estado, y correr ese riesgo.

Internet controlado desde
su aparición en la isla


El gobierno ha creado leyes desde el mismo
momento de la aparición de Internet en la isla. En
junio de 1996, el decreto-ley 209, titulado
“Acceso desde la República de Cuba a la red
informática global”, precisa que su utilización no
puede llevarse a cabo “violando los principios
morales de la sociedad cubana o las leyes del
país”, y que los mensajes electrónicos no deben
“comprometer la seguridad nacional”. Los cubanos
que quieren disponer de acceso a Internet
deben, para conseguir la acreditación obligatoria,
dar una “razón válida” y firmar un contrato de utilización,
con claúsulas restrictivas. El procedimiento
requiere, como para un teléfono, el
acuerdo de ETEC SA, único operador de telecomunicaciones
del país, y después el de una comisión
local dependiente de los Comités de
Defensa de la Revolución, que evalúa los méritos
del demandante. Según el decreto-ley 209, se
concede el acceso “en virtud de reglamentos que
dan prioridad a las entidades e instituciones que
pueden contribuir a la vida y el desarrollo de la
nación”. A este título pueden pretender tenerlo, al
margen de las embajadas o las sociedades
extranjeras, las personalidades políticas, altos
funcionarios, intelectuales, profesores universitarios,
médicos, investigadores y periodistas oficiales,
los cuadros de las empresas culturales dedicadas
a la exportación o de las empresas informáticas,
así como la jerarquía católica.
El 13 de enero de 2000 se creó un Ministerio de
Informática y Comunicaciones, para “regular,
supervisar y controlar la política cubana en materia
de tecnologías de la comunicación, informática,
telecomunicaciones, redes informáticas,
radiodifusión, espectro radioeléctrico, servicios
postales e industria electrónica”.

Control de Internet, el método cubano
Una autorización para
comprar un PC


Está prohibido comprar material informático,
salvo con autorización expresa de las autoridades.
Es posible, aunque difícil, hacerse en el
mercado negro con un ordenador por piezas
separadas, pero los precios resultan prohibitivos.
La práctica totalidad de los PC de la isla
han sido comprados por el Estado. Resultado,
Cuba es uno de los países con el índice de equipamiento
más bajo del mundo. 3,3 ordenadores
por cada 100 habitantes, un ratio equivalente al
de Togo (Fuente : Unión Internacional de
Telecomunicaciones, 2005). De todas maneras,
incluso si un cubano consigue adquirir un ordenador,
en el mercado negro o gracias a sus
contactos en el extranjero, no podrá conectarse
a Internet ni abrir una línea telefónica internacional
sin autorización del Estado. Lo que es tanto
como decir que en el país es prácticamente
imposible acceder a Internet a partir de un
domicilio.

En los cibercafés : mensajes
bloqueados por razones de
“seguridad del Estado”


Los cibercafés cubanos ofrecen dos tipos de
conexión a la Red. Una “nacional”, que solo permite
utilizar un servicio de e-mail creado por el
Estado, la otra “internacional”, que da acceso al
conjunto del world wide web. La inmensa mayoría
de los cubanos solo acceden al primer servicio,
que cuesta 1,20 euros la hora, y no pueden pagar
los 4 euros por hora que se requieren para navegar
por el Net –una suma que representa un tercio
del salario mensual medio de un cubano. En
consecuencia, la conexión “internacional” la utilizan
principalmente los turistas que pueden acceder
a los cibercafés locales, los Correos de Cuba,
o conectarse a través de los numerosos hoteles
de lujo de la isla.

Los cibercafés censuran muy poco la Web. Las
pruebas efectuadas por Reporteros sin Fronteras
han demostrado que a través del servicio “internacional”
se puede acceder a la mayor parte de los
sitios de la oposición cubana, así como a los de
organizaciones internacionales de derechos
humanos. En China, en la Red hay instalados filtros
para palabras-clave, lo que imposibilita por
ejemplo descargar páginas que contengan palabras-
clave “subversivas”. La organización ha
podido verificar, probando en los cibarcafés una
serie de términos prohibidos, que Cuba no tiene
instalado ningún sistema de ese tipo.

En cambio, los ordenadores de los cibercafés
están estrechamente vigilados. En la entrada se
pide al usuario que facilite su nombre, apellido y
dirección. Después, cuando escribe un mensaje
que contenga palabras-clave sospechosas, como
por ejemplo el nombre de un disidente conocido,
aparece en la pantalla un mensaje (pop-up), para
advertirle que su texto está bloqueado por razones
de “seguridad del Estado”. Tras la alerta, se
cierra automáticamente la aplicación utilizada para
teclear el mensaje, tanto si se trata de un tratamiento
de texto como de un programa de navegación.

Parece, por tanto, que en todos los aparatos
de los cibercafés hay instalado un programa que
detecta automáticamente los contenidos prohibidos.

En general, los disidentes políticos y los periodistas
independientes no están autorizados a acudir
a los cibercafés. En consecuencia, muchos de
ellos utilizan la veintena de ordenadores que pone
a su disposición la Sección de Intereses
Norteamericanos de La Habana. Pero el hecho de
acudir una sola vez a los locales de la diplomacia
norteamericana es suficiente para ser considerado
“enemigo de la revolución”. Por tanto, se trata de
una opción que no vale para todo el mundo.

El mercado negro y la caza
de internautas ilegales


Frente a esas restricciones los cubanos han
creado un mercado negro, que les permite alquilar
códigos de conexión : personas autorizadas a
conectarse al Net ofrecen la utilización de sus
Cola de espera en la entrada de un cibercafé
cuentas a determinadas horas, a cambio de una
remuneración mensual (unos 30 dólares). Las
autoridades dan la caza a los responsables de
ese pequeño comercio. Según La Nueva Cuba, a
cinco estudiantes les han expulsado de sus
escuelas por revender los códigos de conexión
de su universidad, y crear foros de discusión
albergados en Estados Unidos. El sitio publicó
incluso un vídeo grabado en Cuba, con fecha del
17 de febrero de 2006, en el que algunos responsables
de la universidad enseñan a un auditorio
las sanciones adoptadas contra esos estudiantes.
En él, uno de ellos explica que la utilización
ilegal de Internet se puede castigar con cinco
años de cárcel. También advierte que “la guerra
contra los enemigos de la revolución se juega en
varios frentes, incluído Internet”. Finalmente, un
profesor anuncia que los cinco jóvenes que traficaban
con los códigos de conexión, de los cuales
ninguno sin embargo tenía actividades políticas,
no podrán reanudar sus estudios hasta que
no pasen varios años.

Algunos cubanos, y entre ellos los periodistas
independientes y los disidentes políticos, se
conectan a Internet en los ordenadores de
extranjeros que viven en el país. Pero la policía
intenta que se acabe ese tipo de prácticas. Por
tanto, frecuentemente llama a esos “amigos
extranjeros” para amenazarles con la expulsión.

“El Coco” lucha para que todos
los cubanos tengan acceso a
un Internet libre


Guillermo Fariñas, apodado “El Coco”, director
de la agencia de prensa independiente
Cubanacán Press, inició en febrero de 2006 una
huelga de hambre, para pedir que todos los cubanos
tengan acceso a un “Internet libre”. Las autoridades
tuvieron que hospitalizarle a la fuerza y
efectuarle transfusiones para terminar con su
acción, que estaba encontrando eco en los
medios de comunicación internacionales.

“El Coco” dice que está dispuesto a morir para
que su pueblo tenga finalmente derecho a informarse.
Desde el 20 de agosto le mantienen en un
servicio de cuidados intensivos, a causa de unos
problemas renales y alteraciones cardíacas. Las
autoridades le ofrecieron concederle un acceso
“restringido a Internet, pero lo rechazó explicando
que no podía ejercer dignamente su oficio de
periodista consultando solamente informaciones
filtradas por el gobierno.

Cubanacán, fundada en 2003, es la agencia de
prensa más importante de la nueva generación de
periodistas independientes. Sin embargo, ninguno
de los 17 reporteros que colaboran en ella
tiene derecho a utilizar Internet, ni un fax, para
enviar sus artículos al extranjero. Con frecuencia
tienen que dictarlos enteramente desde teléfonos
públicos. Como las tarifas de comunicación son
muy elevadas, normalmente hacen sus llamadas
a cobro revertido.

Periodistas encarcelados por
artículos publicados en el Net


Actualmente en Cuba hay veinticuatro periodistas
independientes detenidos. Cumplen condenas
que llegan hasta 27 años de cárcel. Sus acusaciones
incluyen, en la mayoría de los casos, referencias
a su actividad en Internet, y especialmente
a su colaboración con sitios basados en
Estados Unidos.

- Héctor Maseda Gutiérrez, periodista, está acusado
entre otras cosas de haber publicado textos
en el sitio Cubanet, y de haber recibido dinero de
ese medio de comunicación. Está condenado a
20 años de cárcel.

- Adolfo Fernández Sainz, periodista, está acusado
entre otras cosas de haber publicado artículos
“contrarrevolucionarios” en el sitio www.nuevaprensa.
org, para que “fueran utilizados, directa
o indirectamente, por el gobierno norteamericano
para continuar su política de agresión a Cuba”.
Está condenado a 15 años de cárcel.

- Julio César Gálvez Rodríguez, periodista, está
acusado entre otras cosas de haber recibido
dinero de sitios de Internet como Cubanet y
Encuentro en la Red, y de haber consultado el Net
desde la Sección de Intereses Norteamericanos.
Está condenado a 15 años de cárcel.

Telecom Italia, accionista de las
telecomunicaciones cubanas


La empresa transalpina Telecom Italia posee el
29,3% de las acciones de ETEC SA, el único operador
cubano de telecomunicaciones ; el resto del
capital está en manos del Estado. Pero, ETEC SA,
que controla enteramente el Internet del país, es
utilizado por el gobierno para vigilar la Web y
cazar a los disidentes políticos. En el proceso de
los periodistas detenidos en marzo de 2003, el
operador cubano aportó informes para probar
que los inculpados habían utilizado la Red de
forma “contrarrevolucionaria”. En marzo de 2004,
Reporteros sin Fronteras escribió al presidente
del consejo de administración de Telecom Italia,
para llamar su atención sobre las consecuencias
de la participación de su empresa en ETEC SA.
La organización le pidió que “interviniera para
intentar influir en la política del régimen cubano
con respecto al Net, y que pidiera la libertad de
los periodistas encarcelados”.

A ese correo, la empresa italiana respondió explicando
que no podía retirarse de Cuba por razones
financieras, pero aseguró que no participaba
directamente en la vigilancia y el control de
Internet en el país.

Una posible cooperación
con China en el terreno
de la vigilancia de las
comunicaciones electrónicas


China y Cuba han reforzado su cooperación
económica después de la visita del presidente
Hu Jintao a la isla, en noviembre de 2004. Tras
ese encuentro, un cargo oficial chino anunció
que su país iba a participar en el desarrollo del
sector de las telecomunicaciones cubanas.

Las autoridades de Pekín ya eran sospechosas
de revender su tecnologías y sus concimientos,
en materia de vigilancia de la Red, a
varios gobiernos de países autoritarios, y
entre ellos a Zimbabue y Belarús ; es probable
que exista ese tipo de cooperación con Cuba.

Por otra parte, el sitio Cubanet, con sede en
Estados Unidos, afirmaba en enero de 2005
que unos expertos chinos habían instalado
“equipos de espionaje electrónico” en la provincia
de Santa Clara, en colaboración con
ETEC SA.


La organización pone en marcha una cibermanifestación
los días 7 y 8 de noviembre de 2006.
Durante esas "24 horas contra la censura en Internet"
movilícese en www.rsf.org


 

 


 

 

 


 

 


 

 


 

 

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