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ENTREVISTA
AMIR VALLE: 'JINETERAS' EN EL 'PARAISO'
Con
su libro sobre la prostitución
devela la 'apacible' imagen del turismo
en la siempre amada isla de Cuba
Por Manuel
Gayol Mecías
La Opinión
California
E.U.
Infosearch:
José F. Sánchez
Analista
Jefe de Buró
Cuba
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Noviembre 19, 2006
Con un haber
impresionante de más de 15 libros publicados, cursos, participaciones
profesionales e importantes galardones literarios y de periodismo
en Cuba y el extranjero, el escritor cubano Amir Valle (Guantánamo,
1967)
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"SER
ESCRITOR
ES SER UN FISGON
DE TODO LO HUMANO"
¿Realmente en Cuba existe ese flagelo de la prostitución
infantil? ¿Por qué unos cuantos de tus entrevistados
no quisieron tocar fondo en este tema? ¿Es demasiado
el riesgo y el horror que se corre en ello?
AV.: Siempre que toco este tema empiezo por hacer una pregunta:
¿a qué edad se es mayor según la norma
internacional? La respuesta: a los 18. Cuba ha querido negar
siempre la prostitución infantil y, sin embargo ,
de las 12 mil jineteras que fueron capturadas en la operación
de 1995, se dijo que más de un 20% eran menores de
18 años. Estadísticamente eso quiere decir
que 2,400 de aquellas jineteras eran menores de edad. Entonces,
¿hay o no hay prostitución infantil? En mis
estudios, en los cuales también hice un fuerte trabajo
con la estadística, obtuve un resultado preocupante:
en 1997 el promedio de edad de las jineteras oscilaba sobre
los 24 años; ya en el 2001 en otro estudio realizado
por una investigadora de la Iglesia Bautista de Cuba (del
ala oficialista de esta Iglesia) el promedio había
descendido a los 17 años, con mayor incidencia en
muchachas y muchachos estudiantes de 11 y 12 grados. Hay
prostitución infantil visto desde esa perspectiva,
y lamentablemente, algunos cerebros enfermos propician la
prostitución infantil de niños, aunque en
mucha menor escala. Las causas del silencio de mis entrevistados
está en tres caminos: el primero, creo es el esencial:
quienes se atreven en Cuba a ese asqueante negocio son delincuentes
sin ningún tipo de escrúpulos, gente muy temida
dentro de la marginalidad porque son capaces, incluso, de
matar y tienen el poder y los contactos suficientes, en
el mundo de la marginalidad, para hacerlo sin consecuencias
legales; el segundo, negarlo es estúpido, es la existencia
de un código penal muy fuerte para ese tipo de delitos;
y el tercero tiene que ver con la sensibilidad social: para
el cubano, por suerte, un niño sigue siendo algo
para amar, para cuidar, para venerar incluso, y hasta dentro
del mundo de los delincuentes es mal visto el uso de niños
para los delitos y existen leyes no escritas en la marginalidad
que los protegen, que los mantienen al margen hasta que
tienen uso de conciencia y pueden decidir por sí
mismos.
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se destaca no
sólo por lo prolífico de su obra a una edad en la
que muchos escritores reconocidos comienzan a dar los primeros pasos,
sino principalmente por la calidad de sus textos en una variedad
de géneros como el cuento, la novela, la crítica,
el ensayo y su quehacer periodístico.
Es esto último,
el periodismo, lo que ha marcado la obra literaria de este escritor;
el interés y deseo por escarbar en las miserias sociales
del mundo para transmitir su desacuerdo y rebeldía.
En realidad,
Amir ha mostrado una irrefrenable inclinación por develar
las entrañas de las más difíciles situaciones
existenciales, apegado a una profunda solidaridad con el dolor y
las desigualdades que sufren los seres humanos. Los marginales y,
en específico, la mujer como objeto degradado son los personajes
que están presentes en buena parte de su obra. En su interés
se presenta una sed de indagación, en grado bien objetivo,
que incide en su manera de investigar, imaginar y escribir la realidad
circundante.
Cristiano convencido,
este escritor inagotable aúna la fuerza de la fe con su talento
literario, y con ello se convierte en un escalpelo incesante que
hurga en el fenómeno de la prostitución para hacer
surgir, de manera fehaciente y conmovedora, una buena parte de la
pudrición que subyace en la siempre amada isla de Cuba.
La prostitución,
según el oficialismo revolucionario, fue erradicada y prohibida
en Cuba a partir del año 1959. Pero el flagelo resurgió
y se desarrolló tan ampliamente que hoy en día una
gran parte del turismo que va a la isla busca el disfrute del sexo
.
De aquí
su último libro titulado Jineteras, una investigación
sociológica sobre las prostitutas en Cuba que le tomó
alrededor de 10 años, publicada por la Editorial Planeta
en febrero pasado, y que se puede considerar un libro de consulta
por el rigor en las pesquisas y las descarnadas confesiones que
saltan de los testimonios, historias y reportajes que contiene.
"Éste es el gran libro sobre las jineteras", dice
la contraportada, "como llaman en Cuba a las mujeres que ejercen
el En esta ocasión, Amir Valle nos revela las variadas situaciones
y entramados que se entrecruzaron en su texto y en su vida durante
un proceso de años hasta llegar a la versión actual
de este libro, que no tiene fin, porque los buenos libros nunca
terminan de hacerse, sino que se rehacen girando con el mundo.
En estos momentos
el escritor cubano se encuentra en Alemania, con su esposa Berta
y Lior, su hijo menor, y todos aspiran a regresar a Cuba en el momento
en que lo decidan, contradiciendo así las reglas del juego
que siempre el gobierno cubano le ha impuesto a los cubanos que
logran viajar al extranjero y pretenden seguir viviendo en la isla,
el de salir autorizado por un límite de tiempo y con la posibilidad
de regresar si la Administración comunista lo estima conveniente.
Pero Amir, por su parte, está en contra de todo esto y con
su actuación y su voz irreverente, siempre se ha definido
como un hombre libre.
1.- Amir,
para comenzar la entrevista, ¿podrías definir el término
jinetera si es que éste tiene un origen histórico
o netamente popular? Es decir, ¿por qué a las prostitutas
en Cuba se les empezó a llamar así?
Amir Valle: Hay unas cuantas versiones sobre el surgimiento de este
término, pero el más extendido, y creo que el más
adecuado, responde a ese espíritu siempre bromista del cubano,
a eso que Mañach llamaría "espíritu de
choteo", y además, aunque no lo parezca, demuestra el
grado de cultura del pueblo cubano, porque es un término
que se creó en el pueblo y luego se convirtió en vox
populi. En tiempos de la colonia los mambises eran jinetes que cabalgaban
contra el Ejército español para luchar por su libertad.
En tiempos actuales, justo cuando surge el término, a principios
de los años 90, el país que más enviaba turismo
a Cuba era España y, en ciertos espacios intelectuales de
la isla se hablaba, incluso, de una "segunda colonización",
debido, entre otras causas, a la proliferación de empresas
españolas, hoteles regidos por españoles, convenios
comerciales, etc. Al ser los turistas, digamos, "más
alcanzables", por su presencia mayor y por la facilidad de
hablar el mismo idioma (el segundo país emisor de turismo
a Cuba era Canadá), comenzó a decirse que las prostitutas
cubanas que pululaban en las calles de Cuba eran "amazonas",
"jinetas", "jineteras" que cabalgaban contra
el turista español, otra vez, como en el siglo XIX, para
"luchar" por su libertad. Así nació el término,
y estoy casi seguro que por su sonoridad, porque sabemos que el
cubano lleva la música en la sangre, se prefirió y
se extendió la palabra "jinetera", más sonora
y hasta más original. Quiero señalar, también,
y por eso lo entrecomillé antes, que fue precisamente por
esos años cuando se hizo popular otro término que
hoy es muy usado: "luchar", no utilizado ya en su sentido
de "combatir", sino más cercano a "resolver".
Hoy el cubano no dice: "Tengo que buscarme la vida"; dice:
"Tengo que luchar la vida". Y ese, en apariencias sencillo
cambio, visto desde la perspectiva del pensamiento social, significa
algo muy duro: la vida en Cuba se ha convertido en una lucha cotidiana,
lo cual nada tiene que ver con la panacea, con el paraíso
que algunos insisten en ofrecer como imagen de la vida en la isla.
2.- En entrevistas
anteriores has contado la manera tan singular en que un hombre del
público, en uno de tus encuentros literarios, te habló
de esa primera versión de tu investigación, porque
había visto algo por internet, y se refirió a ella
como Habana-Babilonia. Tengo entendido que fue ahí cuando
decidiste que tu trabajo se llamaría así: Habana-Babilonia.
Sin embargo, el libro en su última versión por la
Editorial Planeta salió con el título de "Jineteras",
en seco. ¿Me gustaría que explicaras un poco esta
diferencia?
AV.: Yo envío el libro al Premio Casa de las Américas,
en 1999, con el horroroso título de Sade nuestro que estás
en los cielos ó Prostitutas en Cuba. Era el título
original porque yo me decía que aquellas mujeres y todos
los personajes vinculados a ese sucio negocio le estaban cantando
una eterna canción al Marqués de Sade. He prometido
no referirme a los detalles del asunto, pero obviamente le hicieron
una jugarreta sucia al libro para que no se alzara con el premio,
y lo marcaron. Y ya se sabe, si Ud. quiere que algo sea difundido,
diga que está prohibido. Cuando yo fui a recoger las tres
copias del libro, un mes después, me devolvieron solo una:
las otras dos jamás aparecieron. No niego que me entró
la paranoia, ese bicho que los cubanos tendremos que arrancarnos
algún día, porque me dije: "La Seguridad del
Estado debe estar leyendo el libro". Y quizás lo haya
leído, y hasta imagino, con fruición, no lo niego,
que se hayan pasado el libro mano a mano, disfrutándolo.
Pero lo único que me consta es que una de esas copias fue
fotocopiada y empezó a circular por la isla, de modo clandestino,
en una enciclopedia digital que alguien preparó, con la mayoría
de los libros prohibidos en la isla. Lo que sucede es que en esa
enciclopedia de libros prohibidos yo era el único autor que
seguía viviendo en Cuba. Y el que pirateó el libro
tuvo la indecencia de colocar, incluso, la página final donde
uno pone todos sus datos, siempre que manda una obra a un concurso.
Me cayó
"un 20 de Mayo": mensajes electrónicos, cartas,
llamadas a cualquier hora, y hasta visitas para saber si era verdad
que yo estaba en Cuba porque, me decían algunos, "solamente
a un loco o a un suicida se le ocurre escribir algo así y
quedarse". Fue, realmente, hermoso. En menos de un año
recibí más de dos mil mensajes de personas que habían
leído el libro por aquella vía y me agradecían
su escritura. Hoy, pues todavía sigue leyéndose del
mismo modo, ahora alentado por todas las prohibiciones oficiales
que sobre el libro se han hecho, conservo más de seis mil
mensajes. De modo que si aparece el pirata que copió el libro
sin mi permiso y lo hizo circular en versión digital, tendré
que agradecerle que lo haya hecho, pues hoy mis lectores son decenas
de miles, sin exagerar, dentro de la isla. Y lo he dicho en otras
entrevistas: a esos funcionarios estúpidos que lanzaron la
censura sobre Habana-Babilonia, tengo que agradecerles que me hayan
convertido en uno de los autores más perseguidos por los
lectores de la isla, cuando antes era conocido, pero sólo
en el entorno literario.
Gracias a esa
circulación alucinante y gracias a mi hermano Guillermo Vidal
se produjo el cambio del nombre. Ya, por decir las cosas que decía,
y por escribir lo que escribía, el ministro de Cultura había
"aconsejado" a los directores provinciales eliminar mi
nombre y el nombre de Antonio José Ponte de todos los listados,
los eventos, las publicaciones del país. Pero en Las Tunas
vivió uno de los más grandes intelectuales que ha
tenido la isla en la segunda mitad del siglo XX: el narrador Guillermo
Vidal, un hombre poseedor, además, de una integridad descomunal.
Y Guillermo, a quien me unía una hermosa hermandad, llegó
a decir que si no se me invitaba a presentar el libro con el que
yo había ganado un premio convocado por una institución
de Las Tunas, sencillamente él no asistiría a la feria
y si tenía que hacer una feria alternativa en su casa, para
que yo asistiera, la haría. Finalmente, me ratificaron la
invitación y allí sucedió eso que cuentas:
el hombre se levanta, me pide que lea fragmentos de Habana- Babilonia
y yo me digo: "Carajo, me ha confundido con otro", se
lo hago saber y el hombre insiste: "¿Pero usted es Amir
Valle?", y cuando le digo que sí, el hombre me dice
que era mi obra, que se llamaba Habana-Babilonia, me contó
dos historias del libro y se puso a elogiar la parte ensayística.
La verdad es que aquel título me pareció tan genial
que decidí quitarle el anterior.
Lo del cambio
a Jineteras ya fue un proceso editorial, y me alegro que me lo preguntes
porque es algo delicado. A Planeta no le gustó mi título
por razones comerciales, que comprendo, pero yo había leído
una novela sobre el tema, escrita por la periodista Lissette Bustamante,
y publicada en España con el título Jineteras y soy
muy respetuoso con eso de los derechos de autor. Mi agente literario
y yo se lo hicimos saber a Planeta, pero parece que ellos tenían
alguna cobertura legal que les permitió insistir y publicar
mi libro como Jineteras. Debo decir que tenían razón:
el libro, con ese título, ha vendido muy bien y ha tenido
buen impacto.
3.- ¿Por
qué y cómo surgió en ti la idea de escribir
un testimonio de estas características y envergadura, sabiendo
incluso el riesgo que correrías no sólo por tener
que indagar durante mucho tiempo en ese bajo mundo de la prostitución
y la corrupción, sino también por los obstáculos
que podrían surgir de las propias estructuras del Gobierno?
¿Cuál fue la idea germinal ?
AV: Soy un periodista frustrado. Es una de las deudas que la Revolución
tendrá que pagarme alguna vez. Elegí estudiar la carrera
porque uno de mis modelos de ese tiempo, Hemingway, elogiaba la
necesidad de ejercer el periodismo para consolidar el oficio de
la escritura, y ya mi sueño era llegar a ser un gran escritor.
Luego le cogí amor al periodismo y empecé a soñar
con hacer el "gran reportaje". Cuando me gradué
tuve suerte, me mandaron a cumplir el servicio social en Cienfuegos
[ciudad cubana al centro de la isla] y allí me pusieron a
cubrir lo que, por esa época, eran las únicas "obras
de choque de la Juventud", las más importantes del país:
la construcción de la Central Electronuclear de Juraguá
y de la Refinería de Cienfuegos. Asistí, como testigo
de primera fila, al desastre constructivo, a las mentiras y a la
manipulación informativa en torno a esas dos obras, fui censurado
por querer decir la verdad, tuve problemas y encuentros desagradables
con el poder que hoy no quiero recordar. Y el día que un
funcionario del Partido Comunista me dijo: "No puedes olvidar
que a ti te formamos nosotros, y que los periodistas cubanos deben
ser los portavoces ideológicos del Partido", tuve bien
claras cuáles eran las reglas del juego si quería
seguir como periodista.
El pago por
mi silencio sobre lo que supe de cómo se encaró políticamente
esas dos "obras de choque" fue enviarme a trabajar a la
Corporación Cubanacán, un lugar envidiado y anhelado
por muchos. Allí terminé de abrir los ojos. Eran tiempos
en que no había desarrollo turístico y solamente existía
Cubanacán y el Intur, que no tenía tanta fuerza. Y
en esos lugares se concentró la naciente "nueva burguesía",
que estaba integrada, salvo raras excepciones, por familiares de
dirigentes revolucionarios, militares y demás. Allí
tuve mi primer gran choque con la prostitución cuando vi
que algunas de las lindísimas modelos con las que trabajábamos
para hacer la publicidad (muchachas de entre 18 y 25 años)
eran pleiteadas y compradas por los jefes de las divisiones de Cubanacán,
y algunas más "avispadas" se prestaban para "atender
oficialmente" a los empresarios que venían a Cuba para
hacer negocios. Muchas de ellas eran mis amigas y luego me contaban
cosas. Así empecé a tener interés en contar
aquello, escribir una novela sobre el tema. Y buscando información
descubrí que aquel quizás sería ese "gran
reportaje" que siempre soñé escribir. La coincidencia
de que Cubanacán decidiera mandarme a un curso de superación
a México, que me encontrara en el mismo aeropuerto con una
amiga de la Vocacional [escuela especializada en diferentes carreras
y profesiones] donde estudié, y que esa amiga fuera una de
las prostitutas más renombradas de La Habana, hizo lo demás
y permitió la mayoría de los contactos que utilicé
luego para bajar hasta este submundo y llegar donde otros no llegaron
antes.
Recuerdo que,
a fines de 1998, cuando terminaba de escribir el libro luego de
varios años de recopilar información, mi amigo Pablo
Vargas (quien fue la única persona que leyó pedazos
enteros del libro en ese momento) me dijo que era una bomba, que
si yo estaba loco. Pablo siempre ha sido así conmigo, como
un padre, y aunque intentó prevenirme de lo que vendría,
hice lo que casi siempre hacen los hijos con los padres: sonreír
y no hacer caso. Seguí escribiendo, sin miedo, jamás
he sentido miedo al escribir algo. Y creo que esa falta de miedo
se debe a que hubo algo de ingenuo en la escritura del libro: yo
quería llamar la atención, honestamente, creyendo
que podría resolverse el asunto si se hacía conocido,
entendiendo que la enfermedad que no se conoce, no puede curarse.
No pretendí criticar nada, simplemente llamar la atención
sobre un fenómeno que me parecía preocupante y del
cual, en esos años, nadie hablaba. Los problemas más
graves los tuve con algunos elementos de ese mundo, pues a pesar
de mis contactos, a pesar del apoyo que recibí de muchos
amigos que vivían de ese negocio, y a pesar de mis cuidados
para no ofender y perturbar la tranquilidad de nadie, hubo altercados
violentos de los cuales no salí muy bien parado. Las violaciones
de todos mis derechos como ciudadano, que se impusieron a partir
de la censura invisible que se decretó sobre el libro, fue
algo posterior a su escritura.
4.- ¿Es
cierto que el fenómeno de la prostitución en Cuba
obedece a que el gobierno se "hace de la vista gorda",
como se ha llegado a decir, para dejar el camino abierto a un determinado
turista que va buscando sexo, y así "romper el embargo"?
AV.: Creo que esa fue una de las barrabasadas cometidas que en mi
libro llamo "ceguera oficial", pero sólo una. Yo
mismo fui testigo, en 1992, de una gira que hicimos en Cubanacán
con cierto empresario español que venía acompañado
de un famoso jefe de Seguridad de una zona turística de mucho
renombre en España. Ese jefe de Seguridad nos contó
personalmente, estando en un yate, en un cayo virgen cercano a Santa
Lucía, que uno de los objetivos de su viaje era asesorar
a los jefes de seguridad de las instalaciones de Cubanacán
en cómo aprovechar a las prostitutas de modo que, en vez
de convertirse en una carga, sirvieran para que el turista gastara
más dinero dentro de la instalación. También
recuerdo que los directivos incitaban el uso de "la sensualidad"
de nuestras mujeres para garantizar un mayor impacto publicitario
y no se me olvida que eso comenzó a hacerse de modo tan abierto
que la propia Vilma Espín tuvo que intervenir por "la
imagen denigrante de prostituta que se le está dando a la
mujer cubana en el exterior". Ese conflicto nos lo explicó
Abraham Maciques, por entonces el presidente de Cubanacán,
en una reunión convocada para "ablandar la imagen"
de la mujer en nuestra publicidad. Recuerdo también a cierto
funcionario de mucho poder, que luego sería ministro de Turismo,
criticando nuestro trabajo porque habíamos puesto una muchacha
blanca en un anuncio publicitario. El hombre dijo: "Tiene que
ser una negra, bien sabrosa y con un c
de elefante. Ese cartel
va dirigido a España y a los 'gallegos' les gustan las negras".
Nadie va a convencerme, entonces, de que esos fueron deslices, de
que no había detrás de todo una estrategia para atraer
al turismo, a costa de lo que fuera.
Luego pude entrevistar
a personas que me dieron las pruebas de que, efectivamente, se utilizó
la prostitución para atraer el turismo, aunque fuera de modo
oportunista encubierto en estas campañas. Otros entrevistados
me dijeron que era un problema menor y hasta un funcionario, con
un descaro total, me dijo que "Cuba tiene otros problemas más
graves que resolver que le impiden dedicarse a ponerle cinturón
de castidad a cuanta jinetera hay por ahí". Todavía
continúa esa ceguera: ahora dicen que ha disminuido, llevan
casi cinco años diciéndolo, y resulta que ahora el
fenómeno es más dañino, pues antes las prostitutas
estaban en las avenidas, en las zonas turísticas adonde el
cubano de a pie no podía llegar, pero ahora, como las han
reprimido allá, se han trasladado a los barrios y operan
desde allí, convirtiéndose en una figura más
de la fauna social que abunda en la marginalidad cubana con la que
cohabita, día a día, el pueblo cubano. La jinetera
no es despreciada ya, como en épocas anteriores se despreciaba
a las prostitutas; ahora son figuras de éxito en una sociedad
depauperada social, moral y económicamente. Y por desgracia
hoy no se les cuestiona nada porque ellas, también, están
luchando su vida, a su modo.
Y aunque algunos
parecen olvidarlo, quiero precisar que el gran culpable de esa ceguera
es el propio Fidel Castro. En Cuba, bien lo sabemos, todo lo que
él condena se hace condenable, y por eso, en aquel discurso
en el que él reconoció que en Cuba había prostitutas,
pero que eran las prostitutas "más sanas y preparadas
del mundo", se le dio luz verde al pensamiento conformista
y se extendió como concepto la permisibilidad; es decir,
había que preocuparse, pero no tanto, porque si "el
Jefe" lo tomaba tan a la ligera, ¿para qué preocuparse
de más?
5.- La perspectiva
oficial es que no existen drogas en Cuba, o que al menos el Gobierno
no las permite, de aquí que grandes cantidades no pudieran
entrar en una isla cerrada, vigilada fuertemente, ¿cómo
es posible entonces que las drogas pululen en todo el país
y sea un elemento inseparable, digamos, del jineterismo? ¿Te
importa, por favor, ahondar un poco en este tema?
AV.: El primer intento de desmentido contra Habana-Babilonia-Jineteras
fue ese: en Cuba no había drogas. Un editor al cual le presenté
el libro, un viceministro que me dijo acercarse a mí "como
un asunto personal" (técnica de presión muy utilizada
por el gobierno hacia la intelectualidad), y un periodista de esos
que hoy salen en la mesa redonda en Cuba, se atrevieron a decir
que yo mentía. Apenas un año después, en primera
plana del Granma, se reconocía oficialmente que el fenómeno
se les había ido de las manos y que a Cuba habían
entrado en esos años cantidades asombrosas de droga, algunas
de las cuales pudieron ser detectadas y decomisadas. Yo podría
hacer otro libro sobre ese tema, y tendría que responder
muchas preguntas que todavía no he podido responderme. Por
ejemplo: viví hasta el 2005 en la calle Perseverancia de
Centro Habana, una calle que sólo tiene cuatro cuadras. Es
la misma cuadra donde vive mi querido amigo, el escritor Pedro Juan
Gutiérrez. Y no lo menciono por gusto. La pregunta sería:
¿por qué dos escritores de dos generaciones distintas,
con dos formaciones intelectuales distintas, dan fe en sus libros
de la existencia de la droga, la prostitución, el mercado
negro? Recuerdo que en una "recogida policial" contra
el mercado de la droga, solamente en una cuadra de mi calle se encontraron
dos casas de fabricación de droga y se recogió medio
centenar de vendedores. Eso es público, lo vio la gente.
Y los que fueron presos eran mis vecinos. La pregunta que me hice
entonces fue ésta: ¿por qué no se detuvo a
quienes todos conocíamos como jefes de las bandas de la droga
en aquel barrio? De los cinco que conocíamos solamente uno
sigue preso. Lo que me consta es que esos jefes, casualmente, eran
informantes de la policía, y ya se sabe bien a quién
responde la policía en Cuba. Es una cadena de corrupción
que va desde la base hasta esos cielos donde están los grandes
personajes de la política cubana. Yo mismo, estando en Cubanacán,
fui amigo de algunos "hijitos de Papá" que se burlaban
de mí cuando yo mencionaba que en mis barrios la marihuana
era más popular que los cigarros Populares. "Eso es
prehistoria", me decían. Y gracias a mi noviazgo de
varios meses con la hija de un general cuyo nombre siempre apareció
vinculado a la creación de la empresa turística Gaviota
S.A, tuve mi primer "vuele" con lo que ella llamó
"cocaína directo de la mata" . Nunca supe cuál
era la mata, pero me vi frente a otro de esos nubarrones que uno
siente que alguna vez, alguien, le debe despejar, cuando ella me
confesó que se la robaba a su padre. Hoy esa "hijita
de Papá" tiene su propio negocio en un país de
Europa. ¿Mi opinión?: ellos juegan con este tema,
igual que han jugado con todo, en función de la política;
cuando les conviene, lo aprovechan y lo permiten, y cuando no, lo
combaten, porque me queda claro que tienen toda la infraestructura
para poner un freno al fenómeno, incluso en el ámbito
regional.
6.- Amir,
en la página 47 de tu libro, preguntas a uno de tus entrevistados:
¿por qué él cree que siempre se piensa que
los chulos son negros? Y de aquí se desprende otra pregunta:
¿crees tú que ciertamente ha existido racismo en Cuba
durante estos años de revolución, que incluso sea
considerado un gran tema y merezca un estudio significativo como
éste, de Jineteras?
AV.: Creo que esa es una de las asignaturas pendientes de la Revolución.
Recuerdo que hace unos años, en el último Congreso
de la Unión de Escritores, luego de que un grupo de artistas
negros demostraran, con ejemplos bien palpables, la existencia de
conceptos discriminatorios dentro de varias instituciones del esquema
de propaganda ideológica del país (TV, radio, cine,
básicamente), el propio Fidel reconoció que el racismo
era un gran problema a resolver y que el error de la Revolución
había sido creer que se eliminaría simplemente al
establecer como ley la supresión de la discriminación
racial. Lo que me sorprende es que un hombre como él, supuestamente
un genio de la estrategia social, haya pensado que un fenómeno
del pensamiento social y el comportamiento social de tanta complejidad
como el del racismo, se eliminaba así, con ponerlo en una
ley. O fue una ingenuidad o fue cinismo. Y creo más en esta
última variante cuando veo que el discurso político
ha utilizado con muchísima frecuencia las pocas ventajas
que se le ha dado a la población negra para fomentar el odio
contra quienes quieren un cambio en el país, para convertir
en "enemigos de raza" a los enemigos del actual proyecto
cubano de Revolución. Un simple estudio de la estructura
de real poder político en la isla echa por tierra cualquier
tesis sobre la igualdad del negro y la mujer en Cuba. Ese, como
escritor, ha sido uno de mis temas preferidos: la marginalización
del negro cubano dentro del proceso revolucionario, y fue uno de
los motivos que se me dieron para impedir la publicación
en Cuba de mi novela Las puertas de la noche.
7.- En Cuba, por parte de la población, se ha justificado
siempre la corrupción, como necesidad imprescindible de supervivencia.
Pero esto lo maneja el Estado como un gran problema político
que le ha creado el embargo o bloqueo. Viéndolo más
allá, ¿piensas que la "supervivencia" justifica
realmente el grado de corrupción y la forma de ver la vida
del cubano de hoy? ¿La prostitución de todo tipo,
la bolsa negra, la indolencia ante los demás y el consumismo,
entre tantas cosas, son realmente necesarios para sobrevivir en
la isla?
AV.: Lo que
más me preocupa de la situación social en Cuba hoy
no es su aspecto económico, sino los cambios profundos ocurridos
en la conciencia social. El desastre económico que es hoy
Cuba podrá solucionarse, confío, con más rapidez
de la que muchos piensan. Pero para recuperar los valores morales
que se han perdido pasarán muchos años. He visto cómo,
15 años después de la caída del muro de Berlín,
esos traumas de la conciencia social sobreviven en la población
alemana que vivió en la antigua RDA en tiempos del comunismo.
Y el cambio más terrible es ese: la creencia de que no se
es corrupto cuando uno se ve obligado a delinquir para poder comer,
para poder sobrevivir en una sociedad podrida. Yo lo he llamado
"marginalización de la sociedad" y he dicho que
el cubano hoy es un ser marginal y que la sociedad es marginal.
Es tan lamentable la pérdida moral que significa que alguien
te diga que compra en el mercado negro la comida necesaria para
mal alimentarse una buena parte del mes, como es lamentable y bochornoso
la amoralidad que significa que los gobernantes le echen toda la
culpa de esa situación al bloqueo (que existe, nadie puede
negarlo) y no a su falta de gestión y a la negativa de fomentar
facilidades para que la industria nacional y la iniciativa privada
ayuden a paliar la crisis.
Pero no se puede
olvidar algo: en Cuba todo está preparado para que el control
del país, hasta en sus movimientos mínimos, quede
en manos de Fidel Castro y su grupo de poder. Si quieres sobrevivir
utilizando las estructuras creadas por el gobierno, debes acatar
sus leyes y aún así tienes que "luchar"
la vida. Y es simple, o luchas tu vida en los ámbitos de
la ilegalidad, de la doble moral, de la corrupción social,
o sencillamente te mueres. No justifico nada, pero la corrupción
social que hoy existe en Cuba, a todos los niveles, es una prueba
de esa teoría biológica que explica cómo el
ser vivo lucha, bajo cualquier condición, por la conservación
de la especie.
8.- ¿Crees
que el jineterismo (con todo lo que conlleva: drogas, alcohol, asesinatos,
extorsión, soledad, desamparo, desamor, etc.), sea producto
de un rompimiento o división de la familia, como célula
social, y también a la falta de una moral y cívica
desde las mejores tradiciones cubanas y universales; por ejemplo,
te menciono como causa de rompimiento familiar y falta de orientación
de valores las escuelas en y al campo, las becas en Cuba y en el
extranjero, el "amor libre", etc.?
AV.: Todo forma
parte de esos cambios en la conciencia social de los que te hablaba
antes. Y fíjate que todo parece estar englobado en un mal
más amplio: la doble moral, y te aclaro que, aunque se manifiesta
en algunas otras sociedades, la doble moral es una regularidad como
fenómeno social extensivo en todas las sociedades totalitarias.
Resulta lógico: te ves obligado a vivir en una sociedad que
te impone leyes que no compartes pero que debes obedecer; si te
enfrentas, te aniquilan social o físicamente, y entonces
te ves lanzado de cabeza a fingir que acatas las leyes porque crees
en ella. Pienso que la doble moral, de algún modo, es también
una forma de rebeldía: es la única libertad que tienes,
la libertad de manifestarte en contra de lo que se te ha impuesto,
aun cuando sea a la sombra de tu vida íntima, en secreto.
El jineterismo
(y otros males de la Cuba actual), efectivamente, encuentran su
caldo de cultivo en el rompimiento de la familia como célula
social, en la pérdida de esa moral y esa cívica que
caracterizaba a la sociedad cubana antes de la Revolución
del 59, pero también en el impacto que en materia de pensamiento
y conciencia social significó la implementación de
una sociedad totalitaria con todo lo que esa sociedad trae de populismo,
ateísmo y fascismo. Y, es obvio, tampoco hay que olvidar
el impacto de la depauperación económica. Todo eso
puede responderse con otra pregunta: ¿dónde está
hoy la sociedad civil en Cuba? Por suerte, recuperar esa sociedad
civil puede ser un proceso muy rápido, una vez ocurrido el
necesario cambio en la isla; pero por desgracia, los resultados
del funcionamiento de esa sociedad civil dentro de la conciencia
social del pueblo cubano será un proceso mucho más
largo.
9.- ¿Realmente
en Cuba existe ese flagelo de la prostitución infantil? ¿Por
qué unos cuantos de tus entrevistados no quisieron tocar
fondo en este tema? ¿Es demasiado el riesgo y el horror que
se corre en ello?
AV.: Siempre que toco este tema empiezo por hacer una pregunta:
¿a qué edad se es mayor según la norma internacional?
La respuesta: a los 18. Cuba ha querido negar siempre la prostitución
infantil y, sin embargo , de las 12 mil jineteras que fueron capturadas
en la operación de 1995, se dijo que más de un 20%
eran menores de 18 años. Estadísticamente eso quiere
decir que 2,400 de aquellas jineteras eran menores de edad. Entonces,
¿hay o no hay prostitución infantil? En mis estudios,
en los cuales también hice un fuerte trabajo con la estadística,
obtuve un resultado preocupante: en 1997 el promedio de edad de
las jineteras oscilaba sobre los 24 años; ya en el 2001 en
otro estudio realizado por una investigadora de la Iglesia Bautista
de Cuba (del ala oficialista de esta Iglesia) el promedio había
descendido a los 17 años, con mayor incidencia en muchachas
y muchachos estudiantes de 11 y 12 grados.
Hay prostitución
infantil visto desde esa perspectiva, y lamentablemente, algunos
cerebros enfermos propician la prostitución infantil de niños,
aunque en mucha menor escala. Las causas del silencio de mis entrevistados
está en tres caminos: el primero, creo es el esencial: quienes
se atreven en Cuba a ese asqueante negocio son delincuentes sin
ningún tipo de escrúpulos, gente muy temida dentro
de la marginalidad porque son capaces, incluso, de matar y tienen
el poder y los contactos suficientes, en el mundo de la marginalidad,
para hacerlo sin consecuencias legales; el segundo, negarlo es estúpido,
es la existencia de un código penal muy fuerte para ese tipo
de delitos; y el tercero tiene que ver con la sensibilidad social:
para el cubano, por suerte, un niño sigue siendo algo para
amar, para cuidar, para venerar incluso, y hasta dentro del mundo
de los delincuentes es mal visto el uso de niños para los
delitos y existen leyes no escritas en la marginalidad que los protegen,
que los mantienen al margen hasta que tienen uso de conciencia y
pueden decidir por sí mismos.
10.- ¿Cómo
se puede explicar que la corrupción, y en particular, la
prostitución, no haya hecho mella en la inteligencia y la
sensibilidad de unos cuantos reconocidos intelectuales cubanos,
todavía dentro de la isla desde hace muchos años,
y que no hayan tomado una postura decorosa, para denunciar las causas
verdaderas de este fenómeno?
AV.: Para ser honesto, debo decir que la mayoría de los intelectuales
cubanos se han hecho eco y han manifestado su preocupación
ante esos problemas, ante la pérdida de valores, ante los
cambios que se estaban produciendo en la conciencia social del cubano.
He sido testigo de ello. Y es asunto bastante común en las
conversaciones privadas y públicas en el escenario cultural
cubano. Pero hasta para eso el gobierno tiene una solución:
las instituciones y las entidades creadas para "atender"
esas quejas, se convierten en bunkers cerrados de los cuales sale
a la luz, exclusivamente, lo que conviene, lo que no afecta a la
política oficial, y no en cualquier momento, sino cuando
el Gobierno estima que es conveniente. Por eso ese pensamiento intelectual
sobre esos fenómenos se ha quedado en la nada, en la invisibilidad.
Sería injusto no mencionar, dentro de ese movimiento del
pensamiento social cubano de hoy, los espacios ganados por (o cedidos
a) las revistas Temas y Criterios, en las que se ha publicado mucho
de lo mejor que sobre estos asuntos (la corrupción, el racismo,
la discriminación, la marginalidad, etc.) se ha escrito en
la isla. Pero sucede lo mismo: las revistas se agotan el mismo día,
no circulan más, y lo fundamental: no salen del país,
pues ofrecerían una pésima imagen. Es un mecanismo
de censura muy útil: se le da la ilusión al intelectual
de que es escuchado y es publicado, pero se invisibiliza su criterio
hasta que desparece.
Lo único
que sí creo puede criticárseles es que no hayan logrado
rebasar esas barreras, unos porque creen que ya han hecho lo suficiente
diciéndolo al gobierno y se sientan a esperar con paciencia
milenaria, otros por miedo a la represión, otros porque creen
que utilizar otros escenarios es "prestarse a manipulaciones
del enemigo", y así por el estilo. Yo escribo de esos
males, no para criticar; escribo de eso porque vivo en esos barrios
y sufro esas cosas, y como soy un escritor realista no puedo escribir
de otro modo. Y en los últimos años, cuando a través
de mi obra me he abierto espacios en los medios de prensa, tanto
de Cuba como del exterior, he empezado a buscarle una explicación
a por qué mis libros pueden ser considerados "críticos";
he empezado a buscar una relación entre el pensamiento existente
en esos libros y mi propio pensamiento. Pero creo que la intelectualidad
cubana, por cobardía, conveniencia o fidelidad a la Revolución,
ha perdido su protagonismo como generador y motor del pensamiento
social de la isla.
11.- ¿A
qué atribuyes la degeneración que ha habido en Cuba
desde hace tantos años: a la autocracia de Fidel Castro,
al grupo de sus colaboradores, a esa generación que tomó
el poder en el año 1959, a la presencia histórica
de Estados Unidos (en su relación de amor y odio con la isla)
o al miedo, el choteo y la indolencia de un pueblo consigo mismo?
¿Estás de acuerdo de que si se diera la transición,
un cambio sustancial, Cuba volvería a la democracia real
algún día? ¿Cómo ves este cambio, cercano
o será otro proceso también dramático y penoso
para el pueblo?
AV.: Cada una de esas preguntas merecería un ensayo bien
enjundioso, de modo que intentaré sintetizar: en mis estudios
sobre la personalidad de Fidel Castro (cuyo resultado es la novela
Las palabras y los muerto s, que publicará Planeta en el
2007), he llegado a la conclusión de que el gran mérito
de su vida es haber logrado lo que se propuso: ser alguien que removió
la historia del siglo XX. Es el mérito que nadie podrá
quitarle. Es el ser más camaleónico que existió
en ese siglo, un hombre sin más credo que el del poder: cuando
tuvo que ser matón fue matón; cuando tuvo que enfrentarse
al sistema que creó a los matones se hizo líder de
la oposición estudiantil; cuando tuvo que ser ateo abandonó
hasta el recuerdo de su formación religiosa; cuando ser comunista
era una peste, dijo no haber creído jamás en el comunismo
y cuando ser comunista le garantizó el mantenimiento del
poder bajo la égida soviética, dijo que siempre había
sido comunista . En ese sentido, su hermano Raúl ha sido
más consecuente. De Raúl siempre se supo qué
esperar, pero de Fidel jamás. Incluso un hombre muy cercano
a él en los primeros tiempos, tomando café en mi casa
de La Habana, me dijo que la decisión de aliarse a la URSS
no había sido forzada por Estados Unidos como muchos pensaban.
A él y a otros más el propio Fidel les dijo: "Puestos
a escoger entre dos imperialismos, el norteamericano y el ruso,
es más inteligente elegir el que queda más lejos".
Luego, si analizas la concentración del poder que tuvo en
sus manos hasta hace unos meses, es infantil e ingenuo exculparlo.
Como es ingenuo exculpar a Estados Unidos y a todas sus presidencias,
que no han logrado establecer una política inteligente en
relación con Cuba y han propiciado la permanencia de Fidel
en el poder. Como, a pesar de estar amordazado, controlado y desinformado
totalmente, tampoco se puede exculpar al pueblo cubano por su inopia
y su mansedumbre medrosa, que a pesar de su inconformidad mayoritaria
con la situación no ha logrado sacar fuerzas para sacudirse
del yugo de Fidel y el totalitarismo.
El que Cuba
llegue a ser una democracia real alguna vez dependerá de
los políticos. El cubano hoy es un animal apolítico
porque ninguno de los políticos que ha conocido les ha resuelto
sus problemas. Y el cubano no acaba de reconocer que la culpa es
de él mismo, que siempre esperó por la llegada de
un Mesías, de un caudillo, en vez de confiar en las instituciones
democráticas más que en el hombre, que siempre es
imperfecto. El cubano está herido de política. En
ambas orillas. Y por eso hacer política resultará
difícil, especialmente luego de que los cubanos hayamos visto
cómo en ambas orillas se lucra a costa de nuestro sufrimiento.
Hará falta una cuota de honestidad y de transparencia aplastante,
y paciencia, mucha paciencia. Y sí, creo que Cuba volverá
a ser una nación democrática, donde funcione la democracia,
aunque en lo personal piense también que el cubano es más
cercano a la anarquía que a la democracia.
Ese cambio,
por desgracia, será penoso y largo. Ha sucedido así
en todas las naciones que salieron de sistemas totalitarios: España
ahora es que está saliendo del bache en el cual la hundió
Franco; los países del ex campo socialista no acaban de alzar
cabeza; la propia Rusia sigue empantanada con tantos problemas sociales
como tuvo durante el socialismo, con la diferencia de que ahora
el mundo puede conocerlos. Deberán pasar años porque
el país ha tocado tan a fondo en sus aspectos sociales, económicos
y morales que hará falta hacer mucho. Lamentablemente, no
lo veo cercano: lo que está sucediendo en Cuba apunta a un
reacomodo del sistema y de sus personajes de poder, no a su desaparición.
12.- Es conocido que eres creyente, y que sostienes una fuerte
fe en Cristo, por lo que debes estar al corriente de las relaciones
entre las religiones y el gobierno. De este tema me surgen varias
preguntas, por ejemplo: ¿en qué medida la Iglesia
Católica y las demás religiones cristianas (protestantes),
así como las manifestaciones de la santería, están
conscientes y tratan de combatir este trasfondo de pudrición
y corrupción generalizada en Cuba? ¿Cómo es
que estos sectores espirituales luchan contra la institucionalización
que hace el gobierno del materialismo, del aborto y de cómo
se enfrentan al "apartheid" que sufren los cubanos? ¿Es
cierto que hay extranjeros que van a la isla a iniciarse en la santería
y pagan en dólares?
AV.: Creo que
todas las iglesias en Cuba se han dedicado, honestamente, a combatir
esos fenómenos dentro de la hermandad cristiana por algo
obvio: todos los males sociales que hoy afectan la isla van contra
la moral cristiana, están enfrentados a la verdadera razón
de vida de alguien que ha conocido el amor de Jesucristo. Algunas
Iglesias se han atrevido a pronunciarse contra esos males y han
llamado a los culpables por sus nombres, pero ya hablamos de eso
en otra pregunta: el Gobierno invisibiliza esas críticas,
de modo que su efecto se queda exclusivamente en el marco de los
que seguimos a Dios. Las Iglesias en Cuba no tienen ninguna voz,
ninguna presencia, en los medios oficiales. Y excepto algunas tímidas
revistas de escasísimo alcance, todo su accionar queda dentro
de las mismas Iglesias. Y el Gobierno cubano, lo ha demostrado,
no le hace caso a ninguna de sus críticas. Por suerte, la
membresía crece y ese influjo de rescate de la moral, de
la necesidad del civismo, va siendo escuchado por más cubanos.
Es una forma de frenar, al menos un poco, el vaciado de cerebro
que ha hecho el Gobierno cubano mediante la politización
de la sociedad.
Me da mucha
gracia cuando algunos ilusos piensan que el Gobierno ha priorizado
a la religión afrocubana por encima de la Iglesia tradicional
en Cuba: la católica y la protestante. No se han dado cuenta
de que todo responde a una estructura de poder: la santería
no está organizada internacionalmente, no cuenta con los
medios de propaganda que sí tiene la Iglesia Católica.
Al Papa se le escucha en todos lados (y hasta se le hace caso);
los líderes internacionales de la Iglesia Protestante tienen
influencias fuertes en muchos partidos políticos y naciones
donde predomina ese credo; al jefe de la religión yoruba
(no me sé su nombre) sencillamente nadie lo menciona, no
existe. Fidel Castro no le da poder a la Iglesia cubana (sea cual
sea su denominación) porque sabe que históricamente
ha tenido en el pensamiento social un poder que los gobiernos mismos
no han tenido, y se sabe que él no está dispuesto
a perder terreno de modo tan inocente.
Sobre tu última
pregunta: es cierto, incluso se ha convertido en un negocio turístico
que los extranjeros vayan a Cuba, se "hagan santo" y paguen
en dólares por ello. Hace poco leí en una entrevista,
en la revista Consenso, a un babalao cubano reconocer que se estaba
imponiendo la corrupción dentro de quienes oficiaban en esos
cultos de origen africano.
13.- ¿Cómo
pudiera explicarse que el Gobierno cubano, cuando lo ha entendido
necesario, ha penetrado y controlado las distintas manifestaciones
activas de la oposición que han existido históricamente
en la isla, y en lo que se refiere a la corrupción, las drogas
y las jineteras no haya podido lograr lo mismo, permitiendo que
se convirtieran en un fenómeno proliferado y sistemático?
AV.: Quizás se deba a lo que te comentaba en una pregunta:
hay cosas priorizadas dentro de la batalla política de la
Revolución, y ellos saben bien que las prostitutas no tumban
un gobierno, o al menos hasta este momento de la historia no ha
sucedido, que yo sepa. Jamás voy a olvidar un hecho real,
sucedido allá en Santiago cuando yo estudiaba en la Vocacional.
Se despertó una pequeña ola de terror porque una banda
de delincuentes que se hacían llamar "Los diez negritos"
secuestraban niñas y niños de las escuelas primarias,
las violaban, y al menos uno de ellos había muerto porque
le cosieron la boca para que no pudiera llorar. Durante meses Santiago
estuvo asolada por aquel miedo. Pero la banda cometió un
pequeñísimo error: pintó una svástica
en la tumba de un mártir de la Revolución en el cementerio
Santa Ifigenia. Dos días después los habían
capturado a todos. La moraleja es bien clara.
También,
para ser justos, la disidencia puede ser controlada más fácil
que la corrupción por una causa simple: hoy son pocos los
que se atreven a dar la cara. Eso se mantiene a raya con un poco
de control (y el Gobierno sabe bien de esas cosas). Pero para frenar
la prostitución, la delincuencia, el mercado negro, el influjo
de la doble moral, hay que hacer cambios rotundos en la sociedad,
pues no basta con recoger un poco de jineteras hoy, o de vendedores
de droga: cuando pasen un par de semanas habrá otras tantas,
o más, prostituyéndose, vendiendo droga, etc.
14.- Ahora, para terminar, Amir, sabemos que estás en
Alemania disfrutando de una beca que te han concedido para escribir,
debido al reconocimiento que te has ganado como escritor; además,
estás junto con tu esposa e hijo; pues bien, nos puedes hablar
un tanto de qué clase de beca es, y de qué te propones
en el futuro inmediato?¿Podrás realmente regresar
a Cuba? ¿Piensas que el gobierno pudiera tolerar tu libro
y tu presencia en el país?
AV.: La beca la otorga el P.E.N Alemán (de la Asociación
Internacional de Poetas, Ensayistas y Novelistas) a través
de su programa Writers in Exile, proyecto creado para ofrecer este
tipo de ayuda a escritores con trayectoria reconocida que tengan
problemas en sus países de origen y necesiten permanecer
un tiempo alejado del país, o alejarse definitivamente en
otros casos. En las circunstancias actuales, luego de todas las
acusaciones internacionales que he hecho contra el gobierno cubano
desde que decidieron no otorgarme mi permiso de entrada al país,
luego de la publicación de Jineteras precisamente en una
editorial que ellos consideran enemiga; y luego del anuncio de mi
próxima novela, más dura que Jineteras, también
en Planeta, regresar es casi un suicidio, de modo que he decidido
seguirle exigiendo a Cuba mi derecho a entrar y salir del país,
pero cuando yo lo considere conveniente, y no cuando ellos digan,
como es hoy con todos los cubanos. La prueba de que no estaban dispuestos
a tolerar mi libro y mi presencia en Cuba es esa: aprovecharon un
viaje mío al exterior para no dejarme regresar. Un amigo
escritor, el también novelista Raúl Antonio Capote,
dice que yo soy un mal ejemplo, pues las autoridades creen que puedo
resultar "contagioso" si la intelectualidad de la isla
ve el respeto que uno se gana, dentro y fuera del país, cuando
mantiene una posición como la mía: de independencia
desde el pensamiento intelectual.
Amir, ha sido una satisfacción haberte entrevistado. Asimismo
agradezco la atención que le has prestado a esta entrevista,
y el hecho de que con ella se pueda constatar ese alto grado de
humanismo que emana de tus respuestas tan transparentes y esclarecedoras.
En fin, te damos las gracias por todo el tiempo que nos has concedido,
y que es precioso.
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