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CUBA: CATASTROFE AGRARIA
Oscar Espinosa Chepe
La Habana
Cubanet
Infosearch:
José F.
Sánchez
Analista
Jefe de Buró
Cuba
Dept de Investigaciones
Archivos
La Nueva Cuba
Marzo 12, 2007
Cuba importa
anualmente el 84,0% de los alimentos destinados a la canasta básica,
por lo cual eroga unos mil millones de dólares, expresó
recientemente la viceministra de Economía y Planificación
Magalys Calvo.
Resulta realmente
sorprendente esa declaración de la alta funcionaria, si se
considera que históricamente la agricultura constituyó
la base de la economía cubana. Fue la gran azucarera del
mundo. Su tabaco era el más reconocido internacionalmente.
La ganadería llegó a tener más de 7 millones
de cabezas, aproximadamente 1 por habitante, y los pies de cría
se exportaban a Venezuela, República Dominicana y otros países
vecinos. Se enviaban vegetales y frutas a Estados Unidos y Canadá;
ya no se recuerdan las tomateras de Manacas o los emporios de riqueza
agrícola y pecuaria de Pinar del Río, La Habana, Matanzas,
Camagüey, Sancti Spiritus, Bayamo y otras zonas de la isla.
Nunca hubo que
importar café, sino que se exportaban cantidades de muy alta
calidad. Al mismo tiempo, en cualquier esquina podía consumirse
una tacita de café puro a tres centavos. En las estadísticas
anteriores a 1959, se pueden encontrar los datos sobre el henequén
utilizado en la producción de sogas y cordeles comercializados
en el mercado exterior, después de satisfacerse el consumo
nacional.
Todo eso es
historia antigua. Hoy se importa azúcar de Colombia, Brasil
y hasta de Bielorrusia. Si el tabaco no ha desaparecido es gracias
a compañías extranjeras. Las viandas y vegetales escasean,
mientras los precios son prácticamente inaccesibles para
los ciudadanos. La masa ganadera, visiblemente desmedrada, está
por debajo de los 3,9 millones de cabezas, según las estadísticas
oficiales, aunque muchas personas dudan que sea cierto, ya que no
se hace un conteo desde 1978. Los niños pierden el derecho
a que se les venda un litro de leche diario al cumplir 7 años,
y la carne de res resulta prohibitiva para la población.
Frutas como el anón, la guanábana, el caimito, el
canistel, la chirimoya, gran parte de los ciudadanos nacidos después
de 1959 no conocen. Durante décadas el café se vendió
racionado y mezclado con sustancias extrañas; hoy se comercializa
a razón de 4 onzas (115 gramos) por persona mensualmente
y se dice que es puro; si se desea más, hay que comprarlo
a elevados precios en las divisas que el pueblo apenas tiene. El
henequén ha dejado de ser un problema, porque prácticamente
ya no existe.
Si esto se analiza
desde el punto de vista de las cifras, el nivel de la actividad
agricultura, caza, silvicultura y pesca muestran un descenso de
más de un 60,0% entre 1989-2004, en conjunto y a valores
comparables. En 1989, cuando ya la agricultura no estaba bien, la
participación del sector en la generación del Producto
Interno Bruto (PIB) fue del 9,8%; en 2006 resultó del 3,6%,
inferior incluso al sector cultura y deportes (3,9%). Como dato
adicional puede decirse que más de un millón de hectáreas
de tierra se encontraban ociosas al cierre de 2005, o sea cerca
de la quinta parte de la superficie agrícola del país,
según las estadísticas oficiales. Asimismo, el 34,4%
son pastos naturales, en su mayoría invadidos por el marabú
y otras malezas por falta de mantenimiento. Incluso de las tierras
cultivadas se obtienen pobrísimos resultados, como es el
caso de la caña de azúcar, cuyo rendimiento por hectárea
ronda los 22-24 toneladas, mientras a nivel internacional oscilan
entre 63-70 toneladas por hectárea como promedio, de acuerdo
con la Organización para la Alimentación y la Agricultura
de las Naciones Unidas (FAO).
A esto se añaden
las enormes extensiones de tierra degradadas debido a muchos años
con deficiente laboreo, inadecuada rotación de los cultivos,
compactación de los suelos, mal manejo del riego, uso indiscriminado
de fertilizantes y pesticidas, y altas dosis de negligencias, todo
lo cual ha redundado en 1,0 millón de hectáreas de
tierras salinizadas, 2,9 millones con erosión de muy fuerte
a media, 2,7 millones con mal drenaje, y 1,6 millones de áreas
compactadas, entre otros daños causados a los suelos, de
acuerdo a estadísticas oficiales. También se aprecian
afectaciones al manto freático debido a que la excesiva utilización
ha propiciado la penetración de las aguas de mar, lo cual
ha ocasionado altos niveles de salinización en muchos lugares.
Todo lo anterior contradice la pretensión del régimen
de presentarse internacionalmente como un paradigma del cuidado
del medio ambiente.
Lo anteriormente
expuesto explica la alta dependencia de las importaciones para la
alimentación de los cubanos. Sólo posible por la subvención
de Venezuela. Por cierto, el mayor suministrador de alimentos a
Cuba es Estados Unidos de América que, a su vez, constituye
el sexto socio comercial, según fuentes oficiales cubanas.
Las bases de
este desastre agrario están en el sistema totalitario voluntarista
y el latifundio estatal, que han liquidado la iniciativa del campesino.
Para resolver esta gravísima situación de dependencia
del exterior de un rubro básico para la soberanía
e independencia económica nacional, como son los alimentos,
resulta indispensable la entrega de la tierra al campesino y la
consecuente liberación de las fuerzas productivas, a fin
de que los hombres de campo debidamente estimulados no sólo
alimenten al pueblo cubano, sino creen excedentes exportables que
se reviertan en riqueza para la nación. En tanto eso no ocurra,
la carencia de alimentos continuará, profundizándose
la dependencia del extranjero.
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