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EL PUNTO DE VISTA MARXISTA
POLEMICA CON EL TEORICO MARXISTA
JAMES PETRAS
¿ACASO EXISTE UNA SOLA VIA
PARA EL SOCIALISMO
DEL SIGLO XXI?
Carlos Rivera
Lugo
Especial para Claridad
Claridad
Puerto Rico
Infosearch:
Máximo
Tomás
Dept de Investigaciones
La Nueva Cuba
Marzo 30, 2007
En su edición pasada, Claridad publicó una interesante
entrevista al intelectual marxista estadounidense, James Petras,
Una entrevista
con el teórico marxista estadounidense
James Petras
¿LA IZQUIERDA,
ES LA IZQUIERDA?
Entrevista
con James Petras:
Escrito por Perla Franco
Claridad
Puerto Rico
Archivos:
Dept de Investigaciones
La Nueva Cuba
Marzo 23, 2007
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realizada durante
su reciente visita a nuestro país. Confieso que siempre he
sentido una gran aversión a las sobre simplificaciones ideológicas,
sobre todo cuando hacen abstracción de lo que nos dicen las
circunstancias reales, las condiciones materiales de vida, dentro
de las cuales nos vemos obligados los individuos reales y vivos a
actuar. Hago referencia a la siguiente aseveración de Petras
sobre la izquierda latinoamericana: Creo que la izquierda ha
perdido su papel, ha perdido criterios. Entendemos la izquierda como
una política que aumenta los gastos estatales, que fortalece
el poder del estado en la economía, que rechaza las prácticas
de libre comercio, que aumenta los salarios, (que emplea) las inversiones
públicas en servicios sociales, eso como algunos criterios.
Si aplicamos eso, lo que la gente llama la izquierda, ¿a quién
podemos considerarlo así?
De golpe y porrazo,
Petras descalifica prácticamente a toda la izquierda latinoamericana,
con las honrosas excepciones del gobierno revolucionario de Cuba
y el gobierno de Hugo Chávez Frías (de quién
también tuvo dudas hasta hace poco). Sus fundamentos, sin
embargo, tienen un tufo metafísico, como el que uno esperaría
de un Benedicto XVI pero no de un marxista. A la luz de los mismos,
cómo nos podríamos explicar el fracaso estrepitoso
de los regímenes del socialismo real europeo o las bárbaras
aberraciones de un Pol Pot, todos comprometidos con el fortalecimiento
del poder del estado en la economía. El estadocentrismo
es prácticamente su único criterio a la hora de definir
lo que es o no de izquierda. Ahora bien, si hay una lección
elocuente que nos dejó los fracasos del socialismo del Siglo
XX es habernos demostrado que una cosa es la estatización
de los medios de producción, es decir, el mero cambio en
la forma jurídica de la propiedad, y otra, muy otra, es la
necesaria socialización y humanización de los medios
de producción, la igual distribución de sus frutos,
así como la democratización radical de las relaciones
sociales que resulta imperativa si es que realmente vamos a dejar
atrás la explotación y opresión de unos seres
humanos por otros.
El socialismo
no puede ser reducido, pues, a mero concepto en abstracción
de las condiciones materiales y subjetivas necesarias para su desarrollo.
El socialismo es ante todo un proyecto en permanente devenir, que
no soporta reduccionismos ideológicos a partir de juicios
a priori sobre la realidad. Y como todo proyecto, exige una conciencia
auténtica de las circunstancias que pretendemos transformar,
no a base de etiquetas ni de modelos prefabricados, sino a partir
de una confrontación honesta, imaginativa, humilde pero también
audaz de la teoría con la experiencia histórica concreta,
la que se reviste de cotidianeidad y se apuntala en el ámbito
local.
¿Son
Luiz Inácio Lula Da Silva, Rafael Correa, Evo Morales, Tabaré
Vázquez, Michelle Bachelet y Daniel Ortega de izquierda?
¿Dónde ubicamos al neokeynesiano Néstor Kirchner?
¿Cómo explicamos la unidad en la diversidad que les
caracteriza en torno a la construcción de una nueva realidad
integradora de la América Latina, independiente de la agenda
estratégica norteamericana? ¿Cómo caracterizamos
las alianzas estratégicas que se han establecido entre éstos?
No son experimentos de laboratorio lo que éstos conducen
sino procesos históricos reales y concretos, con sus inmensas
contradicciones, riesgos y apuestas, fortalezas y debilidades. Son
procesos con todas las complejidades propias de unos pueblos que
han echado a andar la esperanza y no tienen tiempo ni necesidad
de estar consultando manuales para dummys para decidir lo que van
a hacer. Cada uno enfrenta circunstancias particulares con sus manifestaciones
específicas, no empece los males universales que subyacen.
Cuánta
falta nos hace recordar en este contexto la admonición de
ese sabio político chino que nos hablaba de la necesidad
de diferenciar entre las contradicciones en el seno del pueblo y
las contradicciones con el enemigo. Podemos estar a favor o en contra
de algunas de las políticas de estos líderes latinoamericanos
y sus respectivos gobiernos, pero lo que no podemos dejar de aquilatar
es el profundo impacto que su mera presencia y acción ha
tenido, con todas sus limitaciones, sobre el cuadro estratégico
de fuerzas que imperaba hasta hace poco en la región. Hoy
Nuestra América es un poco más libre, Cuba rompe definitivamente
su asedio, Chávez es acogido como hermano y cunde nuevamente
la esperanza de construir un futuro alternativo, no capitalista,
para los pueblos de la región. Ello se da gracias al saldo
favorable que, en el balance, ha producido las acciones de cada
uno de éstos líderes, desde sus particulares trincheras,
y las diversas fuerzas y movimientos que han logrado, conciente
o inconcientemente, potenciar.
A comienzos
de marzo se llevó a cabo en Alemania un ciclo de conferencias
Rosa Luxemburgo, que llevó como título
Y entonces, pues, otra vía es posible. Este se
dedicó a estudiar y valorar lo que sus organizadores llaman
la creatividad y el empuje, que desde hace un tiempo parten
desde algunos países de América Latina. Desde
éstos, puntualizan, se está articulando una
posibilidad y se está trabajando, por lo menos, en una nueva
perspectiva.
Según
el prominente filósofo italiano Gianni Vattimo, la liberación
de América Latina cobra un nuevo y tal vez decisivo protagonismo.
En una entrevista concedida con motivo de su reciente estancia en
La Habana, Vattimo dice ver con esperanza el surgimiento de un proyecto
social colectivo cada vez más amplio en la América
nuestra que, no obstante sus imperfecciones, se acerca más
que ningún otro proceso de cambio a la transformación
que necesita el mundo actual.
Necesitamos
que América Latina nos salve de la dominación estadounidense.
He cultivado este sueño en estos últimos años,
porque América Latina tiene recursos, fuerza demográfica,
capacidad de resistencia, no militar sino económica, frente
a Norteamérica, expresa.
Vattimo, quien
se define como pensador postmoderno y militante cristiano y comunista,
propone un nuevo pensamiento que potencie una fuerte teoría
de la emancipación a través de la reducción
de la violencia institucional. Para reducir esta violencia se deben
tener muchísimas iniciativas fuertes. El concepto de debilidad
tiene que ver sobre todo con el rechazo de una actitud metafísico-definitoria
de lo que es mejor. Desde esa perspectiva, critica a aquellos
que pretenden condenar al comunismo a los límites históricos
de lo que fue el socialismo real soviético, sobre todo su
creencia en un desarrollo a cualquier precio. A partir
de dicha experiencia, los comunistas hemos tenido que aprender que
la emancipación humana es abierta, y no cerrada.
Soy un
antimetafísico, me opongo a que haya un ideal humano definible,
una verdad. Creo que la verdad es un gran enemigo de
toda la formación humana, porque si hay alguien que conoce
la verdad tendría que confiar en él...El bien del
hombre es no tener un bien definitivo de una vez por todas. ¿Qué
me gustaría de una sociedad? Que fuera una en la que puedo
vivir bien, con todos los recursos, y donde pudiera inventar estilos
de vida junto a los otros.
Continua Vattimo:
Mi idea se consolida en una posición filosófica
en la cual se ve la emancipación como una disolución
de los límites impasables. Incluso la realidad. ¿Qué
es la realidad?...La realidad es lo que metafísicamente los
poderosos me imponen como creencia, y pienso que la emancipación
humana depende de la desaparición de sus límites objetivos.
Marx pensaba que esta disolución no podía darse en
la idea, sino en la práctica, y yo estoy de acuerdo.
Me gustaría
hacer una revolución no para realizar un ideal positivo de
hombre, sino para eliminar los límites a la invención
de nuevos ideales. La liberación del hombre es una liberación
de su creatividad, abunda.
Vattimo concluye
convidándonos a empezar a crear islas de comunismo,
multiplicar las iniciativas emancipadoras por doquier, a un nivel
local y comunitario. Nos sugiere que abordemos la llamada toma del
poder total con mayor humildad y realismo, sobre todo a la luz de
lo elusivo que dicho poder total ha demostrado ser a través
de la experiencia histórica. Y es que, añado yo, el
poder total constituye una gran ilusión ideológica
que muchas veces nos inmoviliza y nos lleva a tirarle piedras a
la luna cuando de lo que se trata es de despertar la conciencia
y la voluntad del poder inmediato, el más real de todos,
el que sirve para reproducir nuestro modo de vida actual o, en la
alternativa, para transformarlo radicalmente. Ya lo dijo el Subcomandante
Insurgente Marcos: ¿La toma del poder? No, algo apenas
más difícil: un mundo nuevo....
Chávez
advertía recientemente que el rebrote popular y democrático
que se vive hoy en la América Latina constituye una especie
de transición, donde debe morir lo que tenga que morir y
donde debe nacer lo que tiene que nacer. Si hubo un momento histórico
para avanzar en dirección a la construcción del Socialismo
del Siglo XXI, es ahora y es en la América nuestra, insiste.
Pero, ojo con
aquellos que pretenden endilgarnos sendas ya andadas por otros,
en otros tiempos y en otras circunstancias, como la única
vía disponible para la izquierda. El socialismo del Siglo
XXI será parto de la gran diversidad de experiencias de lucha
que hoy cobran cuerpo a través de Nuestra América.
Éstas van desplegando una necesaria fuerza creativa, junto
con la debida valoración del caudal histórico de experiencias
y saberes que han acumulado nuestras respectivas luchas liberadoras.
Sólo así se irá dando con las claves de la
transformación revolucionaria que ya se vive -como proceso
histórico que es- aunque no sea la que unos y otros, desde
sus particulares añoranzas o antojos, hayan soñado.
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