Antonio M. Rivera
 
Evi Jimenez
 
 
 




GRUPO DE MONTONEROS ENTRENADOS
EN MEXICO

DOCUMENTOS DE INTELIGENCIA
DETALLAN COMO ERA
EL CUARTEL GENERAL
DE LOS MONTONEROS
EN LA HABANA


Documentos de inteligencia de la época
llegaron a detallar cómo era
el cuartel de los Montoneros en La Habana,
al que tenían acceso sólo un puñado de altos mandos.
La sospecha de que uno de ellos era un "soplón"
quedó flotando en la historia?



Política y Desarrollo
Argentina
Infosearch:
José F. Sánchez
Analista
Jefe de Buró
Cuba
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Marzo 4, 2007



Con la anuencia del gobierno de José López Portillo, la organización guerrillera argentina Montoneros integró en ese país "pelotones" de combatientes que regresaron de manera clandestina al país para luchar contra la dictadura militar.

Un muy interesante artículo fue publicado en su último número por la prestigiosa revista Proceso de México, donde el periodista Marcelo Izquierdo revela que con la anuencia del gobierno de José López Portillo, la organización guerrillera argentina Montoneros integró en ese país "pelotones" de combatientes que regresaron de manera clandestina al país para luchar contra la dictadura militar.

Como se sabe, todas estas expediciones fracasaron: sus integrantes fueron asesinados o detenidos y desaparecidos. Y es que, se sospecha, había un delator en la dirigencia del grupo guerrillero.

Como aquellos 82 revolucionarios cubanos que salieron de México en el yate Granma para combatir a la dictadura de Fulgencio Batista, grupos de revolucionarios argentinos salieron de México para combatir a la junta militar encabezada por Jorge Rafael Videla.

Sus viajes no fueron realizados por barco, sino por avión. Sus nombres eran desconocidos y -a diferencia de los cubanos del Granma- su aventura terminó en fracaso.

De hecho, fue la estocada final para la lucha armada de los Montoneros, la guerrilla peronista que combatió en Argentina durante la sangrienta década de los setenta.

"Entre 1979 y 1980 llegaron clandestinamente a Argentina. Venían de México. Eran casi un centenar de guerrilleros montoneros". Fue la llamada contraofensiva contra la dictadura que había tomado el poder el 24 de marzo de 1976, dice en entrevista con Proceso Marcelo Larraquy, periodista e historiador, autor del libro Fuimos soldados (editorial Aguilar), que relata la aventura de esos guerrilleros urbanos.

El año 1978 no fue bueno para Argentina. La dictadura del General Jorge Rafael Videla ultimaba los detalles para la Copa Mundial de fútbol que ganaría por primera vez en su historia la selección albiceleste. Al mismo tiempo, miles de ciudadanos de este país eran torturados o desaparecían en cárceles clandestinas.

Los Montoneros -cuyo origen se remonta a los sesenta como un movimiento vinculado al peronismo de la resistencia, pero también integrado por jóvenes católicos y nacionalistas- habían huido del país tras sufrir contundentes derrotas militares. Los tres principales dirigentes de este grupo -Mario Firmenich, Roberto Cirilo Perdía y Fernando Hugo Vaca Narvaja- vivían ocultos en el sótano de la embajada cubana en la Ciudad de México , luego de que un comando militar argentino intentara asesinarlos en este país.

Pero Firmenich no era el único argentino oculto en México. Miles de exiliados estaban ahí amparados por el gobierno de José López Portillo, por medio de la Secretaría de la Gobernación. Y cientos de ellos eran montoneros dispuestos a continuar la lucha.

Los primeros exiliados llegaron a México en 1974 perseguidos por la Triple A, una organización paramilitar de la derecha peronista. Al principio estaban desperdigados, pero luego empezaron a organizarse en comités de solidaridad a través de los cuales denunciaban a la dictadura. Los miembros de los Montoneros se reunían en la llamada "Casa de Alabama", en la Ciudad de México. Algunos de ellos, incluso, habían sido expulsados de esta organización por plantear diferencias con su dirigencia o por haber escapado del país en plena lucha sin la autorización de sus jefes, y debían dar muestras de lealtad si pretendían reintegrarse a ella.

El libro de Larraquy -un éxito de ventas en Argentina similar a sus otros dos best seller, las biografías Galimberti (Rodolfo, uno de los jefes montoneros) y López Rega (José, ex ministro de Bienestar Social de Isabel Perón y creador de la Triple A)- cuenta la "historia secreta de la contraofensiva montonera" mediante personajes que vivieron el exilio mexicano.

Uno de ellos, quien tenía el alias de Lazarte, tenía un objetivo secreto: ser readmitido en las filas montoneras después de que fue expulsado por mostrar su desacuerdo con los métodos de la organización, volver a combatir contra la dictadura y regresar triunfante a México para asesinar a Firmenich. ¿El motivo?: Lo acusaba de enviar a sus subordinados al combate mientras él permanecía en el exilio. Además, la dirigencia de la organización atesoraba 60 millones de dólares -repartidos entre Cuba y Suiza- producto del rescate del secuestro de los empresarios Jorge y Juan Born, y ese dinero no "bajaba" a los estratos inferiores del grupo que necesitaban documentos falsos, armas y casas donde guarecerse en medio de la represión militar. "El manejo del dinero le daba a la cúpula el poder de ahogar a los disidentes", dice Larraquy.

"Los doce"

En 1978 Lazarte viajó solo a Argentina para interferir las señales durante los partidos del Mundial de fútbol de 1978 y transmitir un "mensaje montonero". Eso le permitió ser aceptado de nuevo en la organización.

Lazarte fue el encargado de reclutar al primer pelotón que un año después partiría de la Ciudad de México hacia Argentina. El cuarto secretario del Partido Montonero y también jefe del ejército Montonero, Horacio Mendizábal, le encomendó esta misión. Ambos, según relata el libro, se reunieron en un inmueble en las afueras de la Ciudad de México. Mendizábal recibió a Lazarte con un saludo militar y comparó la contraofensiva montonera con la batalla de Stalingrado, la épica resistencia soviética durante la Segunda Guerra Mundial.

El pelotón montonero estaba integrado por 12 hombres. Se acuartelaron durante 60 días en una casa ubicada en una zona despoblada, a medio camino entre Cuernavaca y Lomas de Cocoyoc. Era una finca con el frente cerrado por un muro, de dos plantas, tres habitaciones en el primer piso, otras dos abajo, dos baños, una sala comedor amplio, un patio adelante y otro en el fondo.

La tropa no tenía mucha experiencia militar: era considerada "una banda de desertores que escaparon del país desobedeciendo órdenes de la organización, o que cayeron presos en su primera acción y habían aceptado la opción del exilio que les ofreció el gobierno de Isabel Perón (1974-1976)", dice Larraquy.

Lazarte debía entrenarlos durante dos meses, transformarlos en soldados disciplinados y conducirlos a Argentina para realizar operaciones militares.

Sin embargo, cuenta el libro, Mendizábal les negó el uso de armas durante el entrenamiento militar. La razón: debían "cumplir con un compromiso que los Montoneros había asumido con el gobierno mexicano".

Y es que, señala, "existía la promesa de la cúpula de no operar militarmente en México. Digamos que el gobierno de López Portillo los tenía vigilados, entre la lupa y la protección. Pero los montoneros hacían prácticas de tiro en lugares descampados y las autoridades no se enteraban", dice Larraquy.

Los 12 guerrilleros, a quienes se le recomendó que vieran la película Doce al patíbulo -que narra la odisea de ex presidiarios estadounidenses enviados a una misión casi suicida durante la Segunda Guerra Mundial, a cambio de su liberación- aprendieron a disparar con una pistola Walter alemana, y otra calibre .45.

Ellos eran conocidos por sus apodos: Lazarte, Víctor, Vicente, El Poeta, Canaris, Yacaré, Cocota, Laura, Julia, la Chana, el Negro Hugo y Juana Juárez Juárez. Ésta aparece con su nombre y era la única mexicana del grupo.

Juana se unió al pelotón porque estaba vinculada sentimentalmente con el Negro Hugo. Ya en Buenos Aires tenía un trabajó "pantalla" en la embajada mexicana y, cuando estaba cercada por la dictadura argentina, escapó a Nicaragua, donde peleó en el tramo final de la ofensiva sandinista. Luego combatió en El Salvador, donde fue secuestrada por el ejército. "Según me informaron, su cuerpo nunca apareció", dice Larraquy.

El regreso

Antes de partir hacia Argentina, el grupo de Lazarte se fotografió con la boina ladeada hacia la izquierda, la camisa celeste prolijamente planchada, una bandera de guerra de fondo y un cartel de los Montoneros en el patio del cuartel de Cuernavaca.

Se dividieron en pelotones y marcharon por distintas vías hacia Argentina. "Eran células fantasmas que iban y venían con armas de mierda y que con mucho sacrificio, cuando podían" interferían los canales de televisión en poder de la dictadura y "pasaban una cinta" en la que Firmenich prometía la continuación de la lucha.

Pero el terror por los secuestros y desapariciones provocaba que los argentinos parecieran más preocupados por festejar los goles de Diego Armando Maradona en el Mundial Juvenil de Fútbol en Japón.

Los éxitos de los 12 miembros de los Montoneros fueron efímeros y varios de ellos cayeron presos o muertos.

Algunos de los que volvieron a México se reagruparon y otros abandonaron la organización. Lazarte no pudo cumplir su objetivo de asesinar a Firmenich. Por sus continuas disidencias fue expulsado definitivamente.

Poco después, los Montoneros diseñaron un "plan maestro" para su contraofensiva. Emitieron convocatorias de reclutamiento en España y México. En este país, sus militantes formaron las Tropas Especiales de Agitación (TEA). En España, después de un mes de entrenamiento físico, sus integrantes volaban a Beirut. Ahí se convertían en "combatientes" y formaban parte de las Tropas Especiales de Infantería (TEI). Ambos cuerpos no mantenían ningún contacto entre sí.

Los miembros de los grupos TEI se distribuyeron en tres pelotones. A cada uno le fue encomendada una acción específica en Buenos Aires. Sus objetivos: funcionarios de la dictadura militar argentina que se desempeñaban en el área de la economía, o empresarios ligados al régimen.

A Walter Klein, secretario de Coordinación Económica, le dinamitaron la casa con toda su familia adentro, pero todos sobrevivieron. Al secretario de Hacienda Juan Alemán lo ametrallaron un día de lluvia y salió vivo del atentado. Al empresario Francisco Soldati lo mataron en la avenida 9 de Julio, la más importante del país, luego de embestirlo con una camioneta. En esa acción, los montoneros tuvieron tres bajas: un muerto y dos heridos; éstos fueron secuestrados y asesinados.

La suerte de los guerrilleros que salieron de México para hacer propaganda armada no fue muy distinta. La mayoría de ellos cayó. Hoy son parte de la lista de 30 mil desaparecidos de la dictadura argentina, y no se les identifica como combatientes. Los atentados no lograron disparar la movilización popular contra la dictadura, como lo tenían previsto y la contraofensiva fue un fracaso.

Muchos guerrilleros fueron descubiertos por los servicios de inteligencia militar, y a otros los delataron sus compañeros caídos y quebrados por las torturas y abusos que padecieron.

En 1980, la dirigencia de los Montoneros, que estaba refugiada en Cuba, continuó el plan de la contraofensiva, pero un nuevo pelotón fue secuestrado y desaparecido en cuanto llegó al país. Incluso los militares viajaron a Brasil y secuestraron a uno de los jefes.

Más de 20 años después, en 2003, el juez argentino Claudio Bonadío envió a la cárcel a dos integrantes de la dirigencia de Los Montoneros. Roberto Cirilo Perdía y Fernando Hugo Vaca Narvaja estuvieron varias semanas en prisión. Firmenich pasó otra vez a la clandestinidad.

A estos líderes se les acusó de "haber facilitado" la captura de 20 guerrilleros montoneros que volvieron al país durante la última contraofensiva. Según el magistrado parecía que "los estaban esperando". En síntesis, la justicia sospechaba que los dirigentes de esta organización no tomaron las medidas de precaución necesarias y mandaron a sus hombres a una muerte segura.

"Pero el caso no prosperó. La cúpula fue absuelta y hoy sólo sigue adelante la causa contra los militares que mataron a los guerrilleros montoneros", dice Larraquy.

Firmenich vive hoy entre España y los países escandinavos. Intentó volver a Argentina, pero fue repudiado por la sociedad. Documentos de inteligencia de la época llegaron a detallar cómo era el cuartel de los Montoneros en La Habana, al que tenían acceso sólo un puñado de altos mandos. La sospecha de que uno de ellos era un "soplón" quedó flotando en la historia?

Fuente La Política on Line








 

 

 

 


 


 

 


 



 

 


 

 

 


 

 


 

 


 

 

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