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MUERTE DE JOSE MARTI
UN RECUENTO - OTRA VERSION
La
Página de José Martí
La
Nueva Cuba
Mayo 19, 2007
El 5 de abril
de 1895 el vapor carguero alemán, Nordstrand,
hace escala en Inagua, la más pequeña de las dos Inaguas
pertenecientes a las islas Bahamas. Allí están Martí,
Máximo Gómez, Angel Guerra, Francisco Borrero, César
Salas y Marcos del Rosario. Martí convence, o más
bien compra, al capitán del buque para que los acerque lo
más posible a una playa del litoral cubano. Para poder salir
de Inagua, donde están ocultos, había que cumplir
con un requisito aduanero. El problema lo soluciona un hombre providencial,
Monsieur Barber, haitiano, Cónsul de su país en esa
isla dormida: los hizo haitianos de naturalización y les
dio nombres falsos franceses. Durante la noche del 10 de abril salen
hacia Inagua la Grande, sólo a 95 km. distante de las costas
de Cuba. Amanecen en esa isla el día 11. Por la noche, a
tres millas de la costa, en un bote de remos los deja a su suerte
el Nordstrand. Ninguno sabía nada de las cosas
del mar. Llovía y el oleaje era fuerte; la oscuridad, absoluta.
La suerte, repentinamente, cambia: el temporal se calma y los marineros
de ocasión varan su pequeña nave en una playa entre
Guantánamo y Maisí. A dos km. estaba el caserío
de Cajobabo, a donde se dirigen abriéndose camino a golpes
de machete. Los acoge su morador, el campesino Leyva. Martí
anotó en su diario: Yo no olvidaré nunca...
el encuentro con esta gente, a este fogón y a este café.
Treinta nueve
días de recorrido desde La Playita de Cajobabo hasta Boca
de Dos Ríos: 25 campamentos levantados en 38 días,
desde el 11 de abril al 19 de mayo. Guillermo de Zéndegui
Ambito de Martí, página 211) dice que fueron 392 km.
rendidos a pie; Daniel Román (Los seis grandes errores
de Martí, página 149) asegura que fueron 375
km. de los cuales 162 los había recorrido a pie hasta
Arroyo Hondo, donde se les reunió el general José
Maceo con sus tropes. Salen hacia el oeste de Oriente buscando
el campamento Malabé. En este lugar donde Maceo le obsequia
a Martí el caballo Baconao, el de Dos Ríos,
nos dice Daniel Román (página 144), que sobrevivió
la guerra y al proclamarse la República el gobierno
otorgó una pensión de treinta pesos mensuales para
su manuntención, en recuerdo de su ilustre jinete.
En Vega Batea
(cuarta jornada de la marcha) Máximo Gómez ante el
grupo guerrillero de Félix Ruenes, le confirió a Martí
el rango de Mayor General del Ejército Libertador. Así,
de hecho, el Apóstol se convertía en un subordinado
del Generalísimo, pasándose este por alto que el Delegado
del Partido Revolucionario Cubano fue el que representando la jefatura
y dirigencia civil máxima de ese partido le había
conferido a Gómez la dirección de la guerra libertadora,
y no a la inversa. Martí era saludado y aclamado por las
tropas libertadoras como presidente. Gómez, molesto y opuesto
a que se le diera ese título, decía: Es que
yo no sé que les pasa a los presidentes que, en cuanto llegan,
ya se echan a perder. Lo que ocultaba el glorioso dominicano,
al parecer, es que al ser reconocido Martí como presidente
por los mambises, él quedaba como un subalterno del cubano
en la manigua.
El 5 de mayo
los expedicionarios de La Playita logran llegar a La Mejorana, donde
se reúnen con Antonio Maceo. En el amplio batey de este ingenio
de azúcar, los tres grandes discuten el futuro de la revolución:
Maceo defiende la tesis militarista que reclama todos los
poderes para una junta de generales, en tanto la guerra demande
una acción eficaz y disciplinada de los mandos; Martí
propugna, por el contrario, inmediata constitución
de un gobierno, que sea producto de la voluntad democrática
de los delegados regionales (Zéndegui, p. 218). Gómez,
coincide con el Titán de Bronce: ... constituye un
lujo premature la formación del gobierno que el delegado
propicia. Media, sin embargo, al reconocer que hay que darle legalidad
constitucional al movimiento emancipador. Eso se iniciará
en Jimaguayú el 13 de septiembre, como una simple formalidad
política. Lo que pasó en ese ingenio apunta Márquez
Sterling (Historia de Cuba p. 225) no se sabe bien, hasta
ahora, qué sucedió en la Mejorana. Se han perdido
las páginas del diario de Martí, correspondientes
a los días 7, 8 y 9 de mayo, en las que el Apóstol
comentaba los hechos, según iban sucediéndose.
Márquez
Sterling hace sinónimos perder y arrancar que no significan
lo mismo, obviamente. Arrancar implica en este caso la intención
de ocultar una información que afectaba y perjudicaba la
reputación de Gómez o Maceo, o quizá de ambos,
en alguna forma. Cabe la posibilidad, también, que se hubiera
hecho eso en beneficio de una historia rosada de la gesta independentista,
presentada casi siempre como épica y gloriosa. Ese diario
quedó en el campamento La Vuelta Grande, el último
donde acampó Martí un día antes de su muerte.
El 5 de mayo, comenta Emetrio S. Santovenia (Cuba y su historia,
p. 120, Vol. 2) fue un día sombrío y desafortunado...
a ninguna cosa de provecho pudieron llegar los rectores de la Revolución.
Haya otro dato interesante sobre este tema que nos da Márquez
Sterling (José Martí. Síntesis de una vida
extraordinaria, p. 193): En poder de Pancho Coronado, figura
prócer de nuestras letras, académico de la historia,
se encontraba una carta de Maceo dando pormenores; pero casi nadie
ha tenido acceso a esa carta. Su destinario no consideró
patriótico darla a conocer. Nótese el término
patriótico.
El 17 de mayo
Gómez andaba con unos cuarenta jinetes en busca de un convoy
español que se dirigía a Palma Soriano. Lo encuentra
en Remanganaguas. Al no moverse de allí el convoy, el viejo
decide regresar a la Jatía, donde dejó a Martí
acampado. Se entera al llegar que Martí había movido
el campamento a la finca La Vuelta Grande, y a él
se encamina. Eran las doce del mediodía cuando entra en ese
campamento. Allí está Bartolomé Masó
con unos 300 hombres. Le avisan a Gómez que una avanzada
española se ha detenido en una orilla del río Contramaestre.
Súbitamente Gómez grita: ¡A caballo!
Llegado ya este punto, resulta interesante hacer notar que las versiones
dadas por los historiadores cubanos son dispares en los datos y
algunas diseñadas con la intención de presentar lo
que ocurrió después del grito de Gómez con
un fuerte tono romántico para glorificar el final de Martí.
Citemos a algunos de ellos: Rafael Esténger (Vida de Martí
p. 143): La gente de Gómez avanzaba sin orden riguroso,
casi a capricho, y el campamento quedó a solas. Lo
que indica que Martí acompañó a Gómez
y Masó en el ataque. Pero Martí siguió
con Angel de la Guardia, revólver en mano, por el camino...
los fusiles de Sandoval... lo derribaron a la primera descarga.
Carlos Márquez Sterling (José Martí etc. p.
194): ¡A caballo! ¡Masó, siga detrás de
mí!... ¡Dónde está Martí? Allá
va al frente, delante de todos, con el caballo regalo del general
José Maceo, que se encabrita y galopa.
Máximo Gómez
está furioso. Grita: ¡Martí, a mi lado.
Martí a mi lado! El General lo ve avanzar, acompañado
de un niño que jamás ha peleado. ¡Cómo
detenerlo?: Martí... Martí... de pronto suena una descarga
y en el cuerpo del Apóstol ya no hay vida. Santovenia
y Shelton (Cuba y su historia, p. 122-23,Vol.2): Martí
corrió a participar en el combate, sin oir las indicaciones
en contrario de Gómez. A poco Martí cayó de su
caballo. A caballo, cara al sol, peleando por su patria, como él
lo había querido. El cara al sol debe entenderse, al
parecer, simbólicamente, ya que era un día gris y lluvioso...
Jorge Mañach
(Martí, el Apóstol, p. 279-80): Martí,
a quien las marchas continuadas han irritado su vieja dolencia,
produciéndole un infarto inguinal (hernia, aclaración)
que le impide moverse y aun armarse, ha quedado en el campamento.
Este impedimento físico de Martí lo sintió,
según este relato, el día 18; sin embargo, al día
siguiente, está montado en su jaca mora, y arenga
a la tropa a punto de partir en busca del coronel Ximénez
Sandoval. Luego añade: Ordena a Martí que se
mantenga con Masó a retaguardia, mientras Borrero y él
avanzan... iniciado con violencia el fuego, Martí pide un
revólver a uno de los ayudantes de Masó... Angel de
la Guardia, y le convida... a seguir adelante. ¿Arrebato
épico? ¿Inexperiencia? ¿Codicia de su hora?
Solos (nótese este adjetivo) se lanzan contra la humarada...
Al llegar cerca de un denso matojal... los recibe una descarga cerrada
etc., etc. El 18 está Martí postrado, pero el 19 va
a todo galope a combatir... Por otro lado se supone que Martí
desde el desembarco en Playitas estuviera armado. La carabina que
portaba fue sustituida por un revólver para encajarlo en
una imagen de héroe cargando a todo galope con esa arma en
la mano derecha. Martí, en el periódico bonarense
La Nación había escrito el 18 de agosto de 1888: El
valor crece a caballo. En el caballo hay gloria. Oh, Dios, morir
sin haber cargado sobre los tiranos con una buena carga de caballería.
Martí no logró realizar el 19 de mayo ese sueño
glorioso porque después de vadear el río Contramaestre
seguido bastante cerca por Angel de la Guardia Bello, suben por
un barranco, y van a parar frente a la línea de fuego de
la infantería situada detrás de una cerca de púas...
al ver aquel jinete vestido llamativamente sobre un caballo bayo
y un poco detrás un jovencito, disparan fácilmente
sobre ellos. Cinco fueron los tiros que mataron al Apóstol:
una bala le entró por el pecho, otra en el cuello y tres
en las extremidades inferiores, según un folleto, De cara
al sol, del Dr. Jorge A. Castroverde y Cabrera. El Dr. Pablo A.
Valencia, que examinó el cadáver después de
exhumado, el 23 de mayo, el cuerpo presentaba: una herida
de bala penetrante, en el pecho... otra herida de bala en el cuello...
y otra herida, igualmente de bala, en el tercio inferior del muslo
derecho... ¡Hasta en esto de las heridas hay discrepancias!
Argumenta Daniel
Román, en su libro citado, que Martí se suicidó
en Dos Ríos. El suicidio, dice, comenzó el día
5 de mayo pues la depresión le fue deteriorando su estado
de ánimo. ...Al amanecer el 19 de mayo, Martí tenía
ya tomada la decisión de desaparecer, de morir....
Luego asevera: negar su suicidio es una pretensión
caprichosa y falsa, destinada a hacer morir peleando heroicamente
para fabricarle una gloria que encaje en planes de endosamiento,
lo que es un buen argumento para una novela, pero no para un libro
de historia.
Su muerte en
una forma u otra, creemos por nuestra parte, en nada le redujo o
dañó su obra ni su grandeza de alma y pensamiento;
pero si debe incitar a conocer con más exactitud lo que verdaderamente
ocurrió en ese episodio del comienzo de la guerra emancipadora
cubana.
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