Antonio M. Rivera
 
Evi Jimenez
 
 
 



MUERTE DE JOSE MARTI

Carlos Enríquez /MUERTE DE MARTI


 

La Página de José Martí
La Nueva Cuba
Mayo 19, 2007


 

En mayo de 1895 la plaza de Palma Soriano estaba bajo el mando del Coronel Ximenez de Sandoval . Los días 16, 17, 18 y 19 de ese mes se dirigía desde Palma Soriano, al frente de un convoy, hacia Remanganaguas y las Ventas de Casanova donde logró llegar sin resistencia alguna y descargó el convoy. Estaba al día en cuanto a los desembarcos de Gómez, Martí, Antonio y José Maceo, y había tomado medidas para combatirlos en caso de ser atacado. Mandaba una fuerte columna de tropas bien armadas de infantería regular, de escuadrones de caballería y de fuerzas auxiliares de guerrilleros cubanos, entre los cuales se encontraban los prácticos Antonio Oliva, Cayetano Martí, Manuel Pasos y Rogelio Sigarreta, vecinos todos de Palma Soriano. Fueron estos individuos los que consiguieron información acerca de la presencia de mambises en las cercanías de la Boca de Dos Ríos. El coronel Sandoval decidió entonces salirles al encuentro marchando por las márgenes del río Contramaestre en dirección noroeste hacia la Boca de Dos Ríos. Por Limones vadeó el río y encontró recientes huellas de la caballería de los insurrectos. Lograron detener a un campesino sospechoso que resultó llevar dinero y una lista de encargos para comprarlos en las Ventas de Casanova.

Finalmente confesó la presencia en la zona de Gómez, Martí y Masó. Sandoval le exigió, muy posiblemente como condición para salvarle la vida, que lo condujera al lugar o campamento donde estaban los mambises. Los llevó a Jatía donde había estado el campamento con el Apóstol durante una ausencia de Gómez. Allí Sandoval ordenó descansar a la tropa y distribuir el rancho.

Observó que el sitio era ideal para hacerse fuerte en él: en el flanco izquierdo tenía el río Contramaestre, muy crecido y con barrancos de unos seis metros de altura, lo que le cubría de un ataque sorpresivo; por el derecho había un bosque espeso de Jatía que era como un alto muro natural protector; por la retaguardia, en caso de retirada, podía hacerlo hacia Remanganaguas; frente a sus tropas estaba el enemigo. Una cerca de alambre de púas que iba desde la orilla del Contramaestre hasta el bosque de Jatía, le ofrecía una buena defensa por el único lugar donde podía ser atacado. Situado en tan ventajosa posición, decidió esperar, bien atrincherado, la embestida de Gómez y Masó. La infantería la colocó detrás de la cerca de púas, y la caballería a unos 500 metros cubriendo la retaguardia. Entonces mandó una patrulla para explorar la zona, y otra de caballería con el objetivo de hacerse notar y provocar el ataque de los cubanos hacia donde estaba la fusilería de Sandoval. Frente a él “estaba el camino hacia Vuelta Grande donde estaba el enemigo”. El capitán Ramos le avisó a Gómez de que una columna de unos 1,000 hombres estaba acampada a la orilla del río. Este, tal vez creyendo que estaba descansando después de una jornada de camino y podía sorprenderla, dio la orden de “a caballo”, ordenándole a Masó que lo siguiera con sus 300 jinetes, y a Martí “retírese hacia atrás que este no es su puesto”. Los cubanos consiguieron cruzar el río a pesar de estar muy crecido, y cuando se acercaron a La Jatía los españoles lo recibieron con una lluvia de balas. Tal fue el fuego de la fusilería que Gómez anotó en su diario que “jamás me he visto en trance más comprometido”. Los mambises tuvieron que desbandarse ante tan inesperado recibimiento.

Martí había quedado en el campamento guardado por un teniente y doce hombres. Sintiéndose humillado en ese estado de pasividad frente al peligro por orden de Gómez, esfumándose así la primera oportunidad de pelear por Cuba con las armas en la mano, se montó en su caballo “Baconao”, regalo de José Maceo, y salió del campamento acompañado del joven Miguel Angel de la Guardia Bello (en la toma de las Tunas, en 1897, bajo el mando de Calixto García, fue muerto a los 23 años de edad siendo ya coronel, por méritos de guerra, del Ejército Libertador) y se lanzó a buscar a Gómez. Vadeó el río Contramaestre, y al llegar a la cima de un barranco vino a parar frente a la línea de fuego de la infantería colonial, parapetada detrás de la cerca de alambre de púas. Al verlo seguido sólo de un jovencito, fue fácil blanco de la fusilería enemiga. Era un día lluvioso. Su sueño de morir combatiendo cara al sol se lo negó la naturaleza. Fue, sin duda, un día negro para el poeta de la rosa blanca.

Se ha dicho que “Baconao” se desbocó y se lanzó hacia los españoles, lo que desmiente nada menos que su amigo íntimo Fermín Valdés Domínguez: en primer lugar, dice, Martí era un experimentado jinete desde su niñez allá en “Hanábana donde había aprendido con los campesinos del lugar a domar inclusive a su propio caballo”; durante su estadía en Guatemala recorrió “grandes distancias a caballo por entre llanos, montañas, selvas y pantanos”. Además de eso, casi la mitad del camino desde La Playita de Cajobabo, donde desembarcó el 11 de abril, hasta Boca de Dos Ríos, unos 375 kilómetros, lo hizo a caballo. “Baconao” era “una buena y mansa jaca briosa, sigue diciendo Valdés Domínguez, acostumbrada a escuchar tiros de fusilería (fue capturada en Arroyo Hondo por José Maceo) y a entrar a formar parte de los combates”. El caballo del joven acompañante de Martí fue herido, y el de Martí, al caer él mortalmente, regresó al campamento mambí. Valdés Domínguez niega, pues, que “Baconao” se desbocara. Según Daniel Román, Martí “cabalgó deliberadamente hacia las tropas enemigas... para hacerse matar de cara al sol como él mismo lo había vaticinado”. Su citado amigo y hermano del alma, dice Román, “dejó escrito que José Martí se suicidó en Boca de Dos Ríos”. Para la historiología hiperbólica y rosada cubana, ese acto muy posible del Apóstol viene a ser como una apostosía del credo oficial patriótico. Y por eso para la mayoría de los historiadores criollos es un tabú el mencionar, estudiar a fondo y exponerlo a serio debate tan delicado asunto tan ligado a las relaciones tensas y crudas entre el poeta libertador y los dos generales de a caballo, Gómez y Maceo, antes y después de entrar en la manigua, aparte de algunas apariencias en contrario. Sin embargo, en los últimos años han estado apareciendo revisiones y estudios históricos independientes del patronazgo oficial tradicional en Cuba, bastante objetivos y libres de retórica literaria y fraseología romántica y sentimental. Martí dijo que la verdad es para decirla y no para ocultarla.

 

 

 


 

 

 

 

 


 



 










 

 

 

 


 


 

 


 



 

 


 

 

 


 

 


 

 


 

 

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