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En
la isla se sortea el presente,
y el futuro se espera con inquietud,
todo en el límite de la ilegalidad,
de forma paralela al régimen
que Fidel Castro instauró con su revolución
LA TRASTIENDA DEL CASTRISMO
CUBA.
LA VIDA CON RAÚL Y SIN FIDEL
La
vida en Cuba transcurre
entre miedos y certidumbres
Paco Gómez Nadal
Crónica
La Prensa
Panamá
José F. Sánchez
Jefe de Buró
Cuba
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Junio 16, 2007
Los 10 meses
sin Fidel Castro dirigiendo el poder de la isla ha llevado a los
cubanos a reflexionar sobre el futuro sin su líder sempiterno.
En la puerta, una mujer lee un libro tan raído como la silla
en la que se sienta. La bombilla que cuelga del soportal es la única
que destella en la ancha calle habanera.
Una sonrisa
y abre la puerta. El primer salón es un espacio sin ventanas
decorado con cierta gracia donde seis mesas y 10 sillas se acompañan
con carteles de "reservado" como única explicación.
El encargado
del lugar intercambia otra sonrisa antes de guiar al grupo de amigos
por un pasillo sinuoso que atraviesa la oficina, los baños
y la cocina hasta llegar a una puerta de madera insulsa que da paso
al verdadero restaurante.
Ahí,
otras ocho mesas con muchas más sillas y clientes animados
que disfrutan la ropa vieja, el arroz congrí o las masitas
de cerdo aderezados con dos ingredientes extraños en La Habana:
buena calidad y buen precio.
La trastienda
de este "paladar", los restaurantes familiares ahora escasos,
pero que fueron una de las válvulas de escape para los cubanos
durante el llamado "Período Especial", tiene una
razón de ser.
El permiso es
solo para 12 sillas y así el negocio no es rentable. La ilegal
trastienda de este paladar es un símbolo de lo que todos
los días ocurre en esta isla, donde se espera con inquietud
el futuro y se sortea el presente "por la izquierda":
es decir por el margen, en el límite de la ilegalidad, de
forma paralela al régimen.
en la calle
"Mira chico
¿tú sabes lo que va a pasar?, pues nosotros menos.
El 'uno' forma popular para denominar a Fidel Castro
es el hombre y no se va a ir tan rápido como creían
afuera. Pero se tendrá que morir. El 'dos' Raúl
Castro, hermano de Fidel y al frente del Estado durante su enfermedad
no tiene para aguantar", explica "J", un joven de
28 años feliz de haberle bajado al alcohol desde hace un
mes y con versiones cambiantes sobre sus deseos y sobre la realidad
de Cuba.
"Lo que
nadie puede negar es que acá todos tenemos vivienda gratis,
la mejor educación y la salud", explica orgulloso "J"
con el asentimiento de "R" y "E", dos amigos
con los que departe en una calle de La Habana Centro. "Los
que ve en la calle mendigando es porque han perdido todo por el
alcohol. Ese es el problema del cubano", concluye.
"La verdad
es que aquí uno no es dueño de nada, uno no puede
progresar", insiste al rato "J" con la misma vehemencia.
"El 'uno' es el más inteligente de los hombres",
plantea "R". Minutos después, el mismo muchacho
asegura que " cuando caiga el monstruo Fidel a
Raúl le van a poner la calculadora delante y le van a decir:
"¿Cuántos
ceros quieres ponerle?".
Las contradicciones
de la calle son las mismas del régimen y de la vida en Cuba.
La imposibilidad
de mejorar económicamente desde el punto de vista capitalista,
o de movilizarse libremente o de opinar, contrasta con una solitaria
exposición de Naciones Unidas que ninguno de los miles de
turistas se detiene a mirar, a pesar de estar ubicada a 20 metros
de la Catedral, en plena Habana Vieja.
La muestra habla
de los Objetivos del Milenio y Cuba logra cumplir una mayoría
de las metas, a diferencia del resto de Latinoamérica y el
Caribe, que reprueban en casi todo.
EL FUTURO
"Y
tú
¿qué quieres que pase, 'J' ?"
Yo lo
veo claro. Lo que tiene que pasar aquí es socialismo con
apertura, que se pueda ganar dinero, como en China. Lo mismo, pero
que abran la mano. Para que podamos vivir mejor, como los de afuera".
Los mitos sobre lo que pasa en el exterior son casi tan originales
como las maneras de "resolver", el verbo de la supervivencia
en Cuba. Pero esa es otra historia.
Resolver, en
castellano transparente, es sacarle al Estado materia prima o cualquier
elemento que se pueda vender luego en el mercado negro. "Yo
creo que el régimen lo sabe de sobra, pero se hace la vista
gorda para que esto no reviente", elucubra "S", un
hombre con iniciativa infinita y cansancio descomunal.
Ha hecho casi
de todo y tiene mil y un oficios. Ahora tiene un negocio "privado"
a la vista pública y donde todo es "por la izquierda".
"Compro materia prima todos los días, pero nada es legal.
Uno llega a un almacén de un centro de trabajo y le pregunta
al compañero cómo puede resolver para conseguir unos
galones de pintura y ya
él resuelve, gana unos pesos,
y yo resuelvo porque puedo trabajar".
Así funciona
la economía cubana desde hace años, pero con más
intensidad cuando el dólar estadounidense salió de
circulación en 2004 y los cubanos tuvieron acceso al CUC
(peso cubano convertible). Con esa moneda llegó la entrada
a las tiendas y a la pseudoeconomía de mercado que controla
el Gobierno.
Todo lo que
se produce en las fábricas o se distribuye en los centros
de abastos o en las tiendas de Cuba es susceptible de ser sustraído
y de venderse "por la izquierda" a los cubanos que buscan
cómo sobrevivir o a los turistas que quieren evitar los altos
precios oficiales.
La otra manera
de resolver las necesidades es a través del mercado de intercambios
sin documentos legales. Riesgoso pero funcional.
El Estado no
permite transacciones entre personas. Las viviendas son de la familia
y se heredan. Los carros comprados después de 1959 si se
tuvo la suerte de conseguir el cupo solo pueden revenderse al propio
Estado. Pero, en la realidad, los cubanos se venden casas y carros
de palabra a altos costos y con el riesgo de que al morir el vendedor
los herederos reclamen sus derechos sobre ese bien.
¿Y la
plata?
Aunque los cubanos
pueden tener cuentas bancarias, un exceso de dinero llama la atención
y genera preguntas e investigaciones.
Y el exceso
se alcanza rápido, si se tiene en cuenta que el salario de
un profesional cubano traducido a CUC sobrepasa con dificultad los
20 pesos cubanos convertibles al mes (unos 18 dólares estadounidenses).
Vivir "por
la izquierda" de la izquierda sigue siendo la costumbre y,
en ese mundo paralelo, no importa si es Fidel Castro, Raúl
u otro cargo del Partido el que esté dirigiendo los destinos
nacionales.
El sistema tiene
goteras que parecen consentidas y que evitan que la presión
suba
La
vida en Cuba transcurre entre miedos y certidumbres
Los países
con etiqueta de democracia occidental andan haciendo apuestas sobre
Cuba. Chávez trata de sacar el mayor partido político
al hecho de ser el principal aliado de Fidel Castro en el mundo.
Los altos cargos del Partido Comunista Cubano viajan regularmente
a China o Vietnam para estudiar cómo se están matizando
estos sistemas comunistas.
Los exiliados
cubanos alistan las llaves de sus casas en la isla y
¿los
cubanos que viven en Cuba? Entre susurros si hay gente alrededor
o a gritos si es en la oscuridad del Malecón de La
Habana o en la privacidad de una casa lejana a un Comité
de Defensa de la Revolución, los cubanos hablan con
más libertad de la que algunos pueden sospechar.
Y no discuten
solo de política, sino de algo tan humano como sus miedos
y certidumbres.
Primero, lo
seguro. La mayoría de los cubanos de la isla sabe que no
quiere el pase de cuentas del exilio. También se sienten
orgullosos de sus escuelas y universidades y de su sistema de salud.
"Si cambiar es para perder eso
bueno por eso no hay que
acabar con lo bueno del sistema".
Después,
el miedo a lo desconocido. "Yo sí puedo decir que la
competencia de fuera me da miedo. No estamos acostumbrados, aunque
yo me le mido a todo". Miedos que están salpicados de
cierta mitología sobre un capitalismo que llena los bolsillos
y que regala cosas como Chávez reparte gasolina. "¿Cómo
?,
¿qué tiene que pagarle al banco por 25 años
por su apartamento? ¡No es posible!". Miedos y certidumbres
de la mayoría de cubanos, pero que no deben ser los mismos
de la incipiente clase adinerada que se puede ver en las tiendas
pensadas para turistas o en los restaurantes donde el plato más
barato no baja de los 14 dólares. La conexión con
ese mundo desconocido es, en todo caso, mínima. Raúl
Castro hizo ir casa a casa arrancando las antenas parabólicas
ilegales que colaban la señal de los canales estadounidenses
y europeos en las casas cubanas.
La sección
sobre Cuba del diario oficial Gramma es de dos páginas y
la de internacional, de una. Todo con el filtro del Partido Comunista
de Cuba.
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