A punto
de cumplirse un año fuera del poder por convalecencia
de Fidel Castro, las dudas acerca del futuro de Cuba resurgen
debido al mutismo absoluto mantenido por el líder antillano,
que pronto cumplirá 81 años, acerca de sus planes
de cara al gobierno de la isla.
Un silencio
que resalta más aún frente a su locuacidad expresada
a través de numerosos artículos de prensa en torno
a temas de carácter internacional. El 26 de julio de
2006, Castro apareció por última vez en público,
con motivo de la celebración del 53 aniversario del asalto
al Cuartel Moncada, una de las principales fechas de la Cuba
"revolucionaria".
Un día
después, el líder cubano se sometía a la
primera de "varias" intervenciones quirúrgicas
por una afección intestinal que el 31 de julio lo llevó
a anunciar mediante una proclama su delegación temporal
de poderes en su hermano Raúl Castro y un equipo de altos
funcionarios del gobierno. Desde entonces, el mandatario cubano
ha tenido que limitarse a vigilar desde un segundo plano la
continuación de la "revolución" que
liderara firmemente durante casi medio siglo y que ahora se
encuentra en manos de su hermano menor y eterno "número
dos" de Cuba, aunque las autoridades de la isla han reiterado
en numerosas ocasiones que el mandatario participa en las principales
tomas de decisiones y que se le consulta todo. Esta situación
lo ha llevado a buscar un espacio político propio, manejable
desde su convalecencia, y que por el momento parece haber encontrado
en la línea editorial, llevando su voz y pensamientos
sobre política mundial a través de los artículos
que publica varias veces por semana en la prensa cubana.
Desde finales
de marzo van ya más de 20 "reflexiones" centradas
en primer plano a la política internacional y sobre todo
a criticar al gobierno estadounidense de George W. Bush.
Castro también
ha dedicado "reflexiones" e incluso un "manifiesto
al pueblo de Cuba", a mediados de junio, a temas que afectan
de algún modo a la isla, como la liberación en
mayo del anticastrista Luis Posada Carriles, las relaciones
de la mayor de las Antillas con la Unión Europea o la
reafirmación del socialismo en Cuba.
Pero hasta
el momento no ha tocado ni un solo asunto exclusivamente doméstico,
como problemas de la rutina diaria o decisiones políticas
internas.
Algo inusual
en un mandatario que siempre solía tener algo que decir
incluso acerca de los detalles más pequeños de
la vida diaria de los cubanos.
Y si bien
ha mencionado algunos aspectos de su convalecencia, como que
sufrió no una sino "varias" operaciones y que
se debatió "entre la vida y la muerte" al comienzo
de su enfermedad el año pasado, sigue manteniendo un
absoluto mutismo respecto al tema que más interesa en
todo el mundo: si, cómo y cuándo piensa regresar
al poder. Un asunto que tampoco abordó en la primera
entrevista televisada que concedió, el 5 de junio, y
que pese a haber anunciado que pretendía ser el principio
de una serie de apariciones más frecuentes en la pequeña
pantalla, hasta el momento no ha tenido una réplica.
Más
allá de los constantes rumores sobre recaídas
o nuevas intervenciones que cada tanto surgen en la isla y que
nunca reciben confirmación oficial, esto ha llevado a
muchos observadores a deducir que Castro podría definitivamente
encaminarse hacia un papel más en segundo plano, dedicado
a la política internacional, mientras deja en manos de
su hermano Raúl el día a día doméstico.
En esa misma
línea se encaminarían sus encuentros privados,
casi siempre alejados de las cámaras, con líderes
internacionales que han llegado a Cuba a visitarlo, como los
presidentes de Venezuela, Nicaragua y Bolivia en junio.
Fidel Castro
"no está bien para gobernar, pero no está
mal para dejarlo", comentaba recientemente el disidente
Vladimiro Roca.
El principal
aliado de Castro en la región, el presidente venezolano
Hugo Chávez, admitía el mes pasado que si bien
el líder cubano estaba ya muy recuperado, "no está
todavía listo para subir el montículo", dando
a entender que aún no se avizora un pronto regreso al
poder de Castro y que por el momento aún solo "mira
de reojo" el uniforme verde olivo que ha sido durante medio
siglo su principal seña de identidad y de poder.
Entretanto
Cuba, que al menos de puertas para afuera no ha variado en este
año un ápice su rumbo político, se apresta
para celebrar un nuevo 26 de julio por todo lo alto.