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A falta de señales, algunos analistas apuntan ahora
a las elecciones generales
recién convocadas para finales de año
"TODO SIGUE IGUAL
NADA HA CAMBIADO"
ES LA OPINION MAS UNANIME
ENTRE LOS CUBANOS
Milenio
México
Infosearch:
José F. Sánchez
Analista
Jefe de Buró
Cuba
Dept de Investigaciones
La Nueva Cuba
Julio 23, 2007
La Habana.-
"Todo sigue igual, nada ha cambiado" es la opinión
más unánime, expresada con alivio por unos y frustración
por otros, cuando se les pregunta a los cubanos qué cambios
han sentido durante el primer año de gobierno -oficialmente
provisional- de Raúl Castro.
El hermano menor
del líder de la revolución cubana, Fidel Castro, y
eterno "número dos" del gobierno de la isla, tuvo
que encarar la difícil tarea de asumir los poderes que durante
casi medio siglo ostentó su hermano, buscando un equilibrio
entre los esfuerzos por mantener el statu quo en la isla y realizar
algunos cambios que, en opinión de numerosos analistas, le
reclamaba la población, agobiada por una persistente crisis,
secuela del difícil "período especial" de
los 90.
Y todo ello
con la eterna sombra de su hermano, uno de los estadistas, según
amigos y enemigos, más carismáticos del último
siglo, pendiendo sobre él desde su convalecencia.
En lo que respecta
al estilo, los cambios han sido extremos: frente a la arrolladora
personalidad de Fidel Castro y sus larguísimos discursos,
Raúl se ha mantenido durante todo este año en su también
tradicional papel discreto, apareciendo en contadas ocasiones y
nunca hablando más de lo estrictamente necesario.
"Ya no
hay tantas marchas, sólo concentraciones pequeñas",
señalan unos jóvenes habaneros sobre los cambios externos.
Y sin discursos, "se cumplen más los horarios de la
televisión", constata otro.
Pero Raúl
Castro, al frente de un equipo designado por Fidel, también
ha iniciado unas tímidas reformas en materia política
y económica cuyos frutos quizás tarden aún
un tiempo en sentirse.
Eso sí,
siempre en consonancia con la "continuidad" proclamada
por las autoridades cubanas, que rechazan tajantemente el uso de
expresiones como "sucesión" o "transición"
a la hora de calificar la situación actual de la isla.
Considerado
un hombre pragmático, el también ministro de las Fuerzas
Armadas Revolucionarias (FAR) exigió más eficiencia
y menos justificaciones durante la primera sesión ordinaria
de la Asamblea Nacional, el parlamento unicameral cubano, que le
tocó dirigir durante su interinato, a finales de diciembre
de 2006.
Entre los principales
problemas que identificó, destacó como las tres asignaturas
pendientes del gobierno el transporte, la distribución de
alimentos a la población y el agudo déficit de más
de 400.000 viviendas.
Unos temas que
incluso fueron tratados por los medios nacionales, que durante meses
publicaron reportajes críticos acerca de pequeñas
y grandes corruptelas en los agromercados (mercados de frutas y
verduras), en la distribución de gasolina o incluso en programas
oficiales como el de la Construcción de Viviendas por Esfuerzo
Propio, del que "Juventud Rebelde" llegó a decir
que "no se compara ni con la odisea de Ulises para regresar
a su amada Ítaca".
"No es
un gobierno amante de las cifras autocomplacientes, sino un gobierno
que se critica a sí mismo", admite el disidente Manuel
Cuesta Morúa, de la alianza socialdemócrata Arco Progresista,
favorable a una transición pactada con el gobierno.
Entre las medidas
consideradas para "alivio" de la población, también
figuran varios decretos que permiten ya la importación de
bienes como videos, productos hasta entonces inalcanzables para
la mayoría de los cubanos.
A comienzos
de enero, Cuba vivió además un inusual debate crítico
de los intelectuales, y el gobierno está incluso analizando
ahora un proyecto de reforma legal para reconocer los derechos civiles
y patrimoniales de las parejas homosexuales.
La reanudación
del diálogo, incluso en materia de derechos humanos, con
España y las dos ofertas de "mesa de diálogo"
que Raúl Castro hizo a Estados Unidos han sido también
entendidos como un intento de "normalización de Cuba
como un país dentro de la comunidad internacional",
según Cuesta Morúa.
"Hay que
saber aprovecharlo. La normalización mantiene el statu quo,
pero abre espacios, puede ser un statu quo más light",
sostiene el disidente.
En el mismo
sentido parece haberlo entendido el secretario general de la Organización
de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, quien la
semana pasada consideró que con Raúl Castro al mando
"ha habido un cambio que nos apunta a la evidencia de una cierta
transición, de un cierto cambio en las relaciones de poder
al interior de Cuba".
Sin embargo,
no todos dicen percibir dichos cambios, o los consideran insuficientes.
Estados Unidos a la cabeza, que sigue reclamando una transición
a la democracia.
En el interior
de la isla, también un amplio sector de la disidencia se
manifiesta "desencantado" con el gobierno de Raúl
Castro.
"Prácticamente
no ha habido ningún cambio, parecía que iba a haber,
sobre todo en los primeros meses con conversaciones con Estados
Unidos, críticas en la prensa bastante fuertes
pero
no pasó de ahí y el clima ha ido decayendo",
considera el economista opositor Oscar Espinosa Chepe, uno de los
75 disidentes encarcelados en 2003 y actualmente excarcelado por
motivos de salud.
A su juicio,
con el que coinciden otros sectores de la oposición cubana,
el "freno" de los cambios es Fidel Castro.
El líder
cubano es "como un valladar que no pueden superar", es
como estar "dentro de una camisa de fuerza que no les deja
moverse", señala Espinosa.
A punto de cumplirse
un año desde que asumió el poder de manera "provisional",
el 31 de julio de 2006, no hay signos en Cuba de que la relación
de poderes vaya a cambiar por el momento.
A falta de señales,
algunos analistas apuntan ahora a las elecciones generales recién
convocadas para finales de año, donde habrá que estar
atentos a quién es postulado para poder aventurar el futuro
rumbo de la isla, que oficialmente sigue defendiendo su revolución
"hasta la última gota de sangre", según
su todavía máximo líder.
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