Antonio M. Rivera
 
Evi Jimenez
 
 
 

 

A falta de señales, algunos analistas apuntan ahora
a las elecciones generales
recién convocadas para finales de año



"TODO SIGUE IGUAL
NADA HA CAMBIADO"
ES LA OPINION MAS UNANIME
ENTRE LOS CUBANOS







Milenio
México
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José F. Sánchez

Analista
Jefe de Buró
Cuba
Dept de Investigaciones
La Nueva Cuba
Julio 23, 2007



La Habana.- "Todo sigue igual, nada ha cambiado" es la opinión más unánime, expresada con alivio por unos y frustración por otros, cuando se les pregunta a los cubanos qué cambios han sentido durante el primer año de gobierno -oficialmente provisional- de Raúl Castro.

El hermano menor del líder de la revolución cubana, Fidel Castro, y eterno "número dos" del gobierno de la isla, tuvo que encarar la difícil tarea de asumir los poderes que durante casi medio siglo ostentó su hermano, buscando un equilibrio entre los esfuerzos por mantener el statu quo en la isla y realizar algunos cambios que, en opinión de numerosos analistas, le reclamaba la población, agobiada por una persistente crisis, secuela del difícil "período especial" de los 90.

Y todo ello con la eterna sombra de su hermano, uno de los estadistas, según amigos y enemigos, más carismáticos del último siglo, pendiendo sobre él desde su convalecencia.

En lo que respecta al estilo, los cambios han sido extremos: frente a la arrolladora personalidad de Fidel Castro y sus larguísimos discursos, Raúl se ha mantenido durante todo este año en su también tradicional papel discreto, apareciendo en contadas ocasiones y nunca hablando más de lo estrictamente necesario.

"Ya no hay tantas marchas, sólo concentraciones pequeñas", señalan unos jóvenes habaneros sobre los cambios externos. Y sin discursos, "se cumplen más los horarios de la televisión", constata otro.

Pero Raúl Castro, al frente de un equipo designado por Fidel, también ha iniciado unas tímidas reformas en materia política y económica cuyos frutos quizás tarden aún un tiempo en sentirse.

Eso sí, siempre en consonancia con la "continuidad" proclamada por las autoridades cubanas, que rechazan tajantemente el uso de expresiones como "sucesión" o "transición" a la hora de calificar la situación actual de la isla.

Considerado un hombre pragmático, el también ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) exigió más eficiencia y menos justificaciones durante la primera sesión ordinaria de la Asamblea Nacional, el parlamento unicameral cubano, que le tocó dirigir durante su interinato, a finales de diciembre de 2006.

Entre los principales problemas que identificó, destacó como las tres asignaturas pendientes del gobierno el transporte, la distribución de alimentos a la población y el agudo déficit de más de 400.000 viviendas.

Unos temas que incluso fueron tratados por los medios nacionales, que durante meses publicaron reportajes críticos acerca de pequeñas y grandes corruptelas en los agromercados (mercados de frutas y verduras), en la distribución de gasolina o incluso en programas oficiales como el de la Construcción de Viviendas por Esfuerzo Propio, del que "Juventud Rebelde" llegó a decir que "no se compara ni con la odisea de Ulises para regresar a su amada Ítaca".

"No es un gobierno amante de las cifras autocomplacientes, sino un gobierno que se critica a sí mismo", admite el disidente Manuel Cuesta Morúa, de la alianza socialdemócrata Arco Progresista, favorable a una transición pactada con el gobierno.

Entre las medidas consideradas para "alivio" de la población, también figuran varios decretos que permiten ya la importación de bienes como videos, productos hasta entonces inalcanzables para la mayoría de los cubanos.

A comienzos de enero, Cuba vivió además un inusual debate crítico de los intelectuales, y el gobierno está incluso analizando ahora un proyecto de reforma legal para reconocer los derechos civiles y patrimoniales de las parejas homosexuales.

La reanudación del diálogo, incluso en materia de derechos humanos, con España y las dos ofertas de "mesa de diálogo" que Raúl Castro hizo a Estados Unidos han sido también entendidos como un intento de "normalización de Cuba como un país dentro de la comunidad internacional", según Cuesta Morúa.

"Hay que saber aprovecharlo. La normalización mantiene el statu quo, pero abre espacios, puede ser un statu quo más light", sostiene el disidente.

En el mismo sentido parece haberlo entendido el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, quien la semana pasada consideró que con Raúl Castro al mando "ha habido un cambio que nos apunta a la evidencia de una cierta transición, de un cierto cambio en las relaciones de poder al interior de Cuba".

Sin embargo, no todos dicen percibir dichos cambios, o los consideran insuficientes. Estados Unidos a la cabeza, que sigue reclamando una transición a la democracia.

En el interior de la isla, también un amplio sector de la disidencia se manifiesta "desencantado" con el gobierno de Raúl Castro.

"Prácticamente no ha habido ningún cambio, parecía que iba a haber, sobre todo en los primeros meses con conversaciones con Estados Unidos, críticas en la prensa bastante fuertes… pero no pasó de ahí y el clima ha ido decayendo", considera el economista opositor Oscar Espinosa Chepe, uno de los 75 disidentes encarcelados en 2003 y actualmente excarcelado por motivos de salud.

A su juicio, con el que coinciden otros sectores de la oposición cubana, el "freno" de los cambios es Fidel Castro.

El líder cubano es "como un valladar que no pueden superar", es como estar "dentro de una camisa de fuerza que no les deja moverse", señala Espinosa.

A punto de cumplirse un año desde que asumió el poder de manera "provisional", el 31 de julio de 2006, no hay signos en Cuba de que la relación de poderes vaya a cambiar por el momento.

A falta de señales, algunos analistas apuntan ahora a las elecciones generales recién convocadas para finales de año, donde habrá que estar atentos a quién es postulado para poder aventurar el futuro rumbo de la isla, que oficialmente sigue defendiendo su revolución "hasta la última gota de sangre", según su todavía máximo líder.


 


 


 



 

 




 



 

 

 

 


 



 










 

 

 

 


 


 

 


 



 

 


 

 

 


 

 


 

 


 

 

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