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LA PIRUETA
INMOVILISTA
DE RAUL CASTRO

Editorial
ABC
Madrid
España
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José F. Sánchez
Analista
Jefe de Buró
Cuba
Dept de Investigaciones
La Nueva Cuba
Julio 28, 2007
HACIENDO buenas las teorías que le atribuyen una militancia
en el comunismo más ortodoxo, el actual «presidente
provisional» de Cuba, el general Raúl Castro, ha demostrado
por primera vez y de forma abierta sus criterios personales sobre
las decisiones que requiere la crítica situación en
la isla. Lo único nuevo es que su hermano Fidel Castro no
ha aparecido por razones que sólo el régimen cubano
conoce y de las que sus dirigentes no se han dignado a informar
a sus súbditos.
Por lo demás, Raúl ha hecho el uso más escrupuloso
posible del manual comunista que tenía más a mano
-el del Partido Comunista Chino- y ha empezado a desempolvar la
vieja dialéctica de Deng Xiaoping, que ponía el pragmatismo
por encima de las formas y que permite autorizar el uso de ciertos
mecanismos de la economía liberal para salvar lo que se pueda
del sistema, empezando por los engranajes represivos, que son la
garantía de la continuidad del monopolio político
del partido sobre las legítimas demandas democráticas
de los ciudadanos.
Tratándose de un régimen tan monolítico como
el cubano -que no ha dado ninguna señal significativa de
apertura en sus cerca de cincuenta años de existencia- el
discurso de Raúl Castro en Camaguey puede parecer una reforma
trascendente. Eso es todo lo que puede decirse: se trata de pura
apariencia. No hay nada nuevo que vaya a cambiar en el núcleo
duro del sistema, ni se habla de introducir mecanismos democráticos
o mayores libertades para sus ciudadanos. La única verdad
de todo el discurso es el reconocimiento de que el régimen
cubano no funciona, porque no sirve para responder a las aspiraciones
y las necesidades básicas de sus ciudadanos, algo que sabía
todo el mundo desde hace mucho tiempo, empezando por los sufridos
cubanos . Los que no se dejan cegar por los sentimientos de complacencia
hacia un régimen dictatorial también saben que el
régimen cubano no puede funcionar mientras siga en manos
de dirigentes insensatos que se empeñan en seguir nadando
contra corriente, a pesar de todas las evidencias de que todo su
esfuerzo conduce a un callejón sin salida.
La fórmula china, a la que Raúl parece apuntar al
introducir algunas reformas económicas que impidan que la
sociedad cubana se hunda por efecto del fracaso de un sistema económico
que se intenta inútilmente hacer funcionar desde 1959, sólo
tiene un objetivo, que es mantener la esencia de la dictadura. Naturalmente
-y en eso ha seguido la misma afición que su hermano Fidel-
también se prepara Raúl Castro para culpar a Washington
si este nuevo intento fracasa, como todos los demás. El presidente
provisional cubano ha lanzado una señal hacia Estados Unidos
al asegurar que no tiene nada de que hablar con el actual presidente
estadounidense, como si eso fuera una amistosa tarjeta de presentación
ante la próxima administración norteamericana.
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