Antonio M. Rivera
 
Evi Jimenez
 
 
 


 

LA PIRUETA INMOVILISTA
DE RAUL CASTRO

OMAR SANTANA/http://www.solidarnizkuba.pl/es/






Editorial
ABC
Madrid
España
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José F. Sánchez
Analista
Jefe de Buró
Cuba
Dept de Investigaciones
La Nueva Cuba
Julio 28, 2007



HACIENDO buenas las teorías que le atribuyen una militancia en el comunismo más ortodoxo, el actual «presidente provisional» de Cuba, el general Raúl Castro, ha demostrado por primera vez y de forma abierta sus criterios personales sobre las decisiones que requiere la crítica situación en la isla. Lo único nuevo es que su hermano Fidel Castro no ha aparecido por razones que sólo el régimen cubano conoce y de las que sus dirigentes no se han dignado a informar a sus súbditos.

Por lo demás, Raúl ha hecho el uso más escrupuloso posible del manual comunista que tenía más a mano -el del Partido Comunista Chino- y ha empezado a desempolvar la vieja dialéctica de Deng Xiaoping, que ponía el pragmatismo por encima de las formas y que permite autorizar el uso de ciertos mecanismos de la economía liberal para salvar lo que se pueda del sistema, empezando por los engranajes represivos, que son la garantía de la continuidad del monopolio político del partido sobre las legítimas demandas democráticas de los ciudadanos.

Tratándose de un régimen tan monolítico como el cubano -que no ha dado ninguna señal significativa de apertura en sus cerca de cincuenta años de existencia- el discurso de Raúl Castro en Camaguey puede parecer una reforma trascendente. Eso es todo lo que puede decirse: se trata de pura apariencia. No hay nada nuevo que vaya a cambiar en el núcleo duro del sistema, ni se habla de introducir mecanismos democráticos o mayores libertades para sus ciudadanos. La única verdad de todo el discurso es el reconocimiento de que el régimen cubano no funciona, porque no sirve para responder a las aspiraciones y las necesidades básicas de sus ciudadanos, algo que sabía todo el mundo desde hace mucho tiempo, empezando por los sufridos cubanos . Los que no se dejan cegar por los sentimientos de complacencia hacia un régimen dictatorial también saben que el régimen cubano no puede funcionar mientras siga en manos de dirigentes insensatos que se empeñan en seguir nadando contra corriente, a pesar de todas las evidencias de que todo su esfuerzo conduce a un callejón sin salida.

La fórmula china, a la que Raúl parece apuntar al introducir algunas reformas económicas que impidan que la sociedad cubana se hunda por efecto del fracaso de un sistema económico que se intenta inútilmente hacer funcionar desde 1959, sólo tiene un objetivo, que es mantener la esencia de la dictadura. Naturalmente -y en eso ha seguido la misma afición que su hermano Fidel- también se prepara Raúl Castro para culpar a Washington si este nuevo intento fracasa, como todos los demás. El presidente provisional cubano ha lanzado una señal hacia Estados Unidos al asegurar que no tiene nada de que hablar con el actual presidente estadounidense, como si eso fuera una amistosa tarjeta de presentación ante la próxima administración norteamericana.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 






 

 

 



 

 









 

 




 



 

 

 

 


 



 










 

 

 

 


 


 

 


 



 

 


 

 

 


 

 


 

 


 

 

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