|
LAS MANSIONES DE LOS FARAONES
Las casas
de los principales dirigentes del país
están siendo reparadas al detalle
por brigadas del gobierno,
al tiempo que la inmensa mayoría
de las viviendas de los obreros
se caen a pedazos
Por Leonel Alberto Pérez Belette
La Habana
Cubanet
Infosearch:
José F. Sánchez
Analista
Jefe de Buró
Cuba
Dept. de Investigaciones
La Nueva Cuba
Noviembre 22, 2007
- No fue en
el Egipto antiguo, sino en La Habana, donde lo ciudadanos amanecieron
con una paradoja ante sus ojos. Las casas de los principales
dirigentes del país están siendo reparadas al detalle
por brigadas del gobierno, al tiempo que la inmensa mayoría
de las viviendas de los obreros se caen a pedazos y sin posibilidades
reales de mejoría a corto, mediano, o largo plazo. A la par
que se ensanchan las residencias de los gobernantes, el estado socialista
encuentra un pretexto en las recientes lluvias para justificar lo
mal que anda el sector de la construcción. Nada, creció
el Nilo y se fastidiaron los aldeanos.
Inmuebles como
la antigua residencia de Raúl Castro, ubicada en la calle
26 y Zapata, han sido objeto de reparación general. Las labores
de pintura y otros detalles finales aún no han concluido.
En el lugar residen actualmente varios altos directivos de la nomenclatura
y presuntamente familiares del General. Las edificaciones que circundan
el área no fueron ni siquiera retocadas. Los vecinos empiezan
a notar el evidente contraste, pero asombrosamente son pocos los
que protestan.
No muy lejos
de allí, en la intersección de la avenida Kohli y
calle 43, del mismo barrio Nuevo Vedado, otra brigada está
remodelando la residencia de José Ramón Fernández,
alias el Gallego, General de brigada, miembro del Consejo de Ministros
y presidente del Comité Olímpico Cubano. Las reparaciones
incluyen rodear a la mansión con un muro para que no se pueda
ver hacia el interior. ¿Qué intentan esconder, se
preguntan no pocos? Esto último resulta sumamente contradictorio
y significativo, ya que las autoridades cubanas, bajo severas sanciones
que incluyen multas, prohíben a la población levantar
estructuras que obstaculicen la vista de los vecinos hacia el interior
de los domicilios.
Similares escenas
se repiten en otros barrios donde suele habitar la cúpula
gobernante. Evidentemente el régimen ha tomado la decisión
de mejorar el ya desproporcionadamente alto nivel de vida de los
máximos dirigentes.
También
el de algunos de sus súbditos. De ahí que entre las
reparaciones estén incluidos varios de los inmuebles, que
como el edificio Naroca, en el Vedado, están habitados principalmente
por militares, de incondicionales del dictador, y es un enclave
próximo a la vía por donde suelen transitar los principales
mandatarios de la Isla.
El problema
de la vivienda sigue siendo uno de los más delicados que
enfrenta la población cubana. La mayoría de los ciudadanos
residen hacinados en viviendas con más de un siglo de existencia.
Sin mantenimiento, ni reparación. En barrios superpoblados.
Los planes de construcción de nuevos inmuebles son insuficientes
y sus resultados dudosos, lo cual es reconocido por las autoridades.
Hay casos de edificaciones que han tardado más de 15 años
en ser concluidas. Otras, destinadas a uso social, permanecen en
reparaciones luego de más de 20 años de iniciados
los trabajos. Es el caso del hospital infantil Pedro Borrás.
También el del teatro Amadeo Roldán, el cual luego
de su inauguración y tras 19 años de reconstrucción,
presenta deterioro y reveladoras rajaduras en su fachada.
El estado ha
emprendido trabajos de reparación de inmuebles a gran escala,
pero han sido un fracaso, o un teatro. Estas labores sólo
han contemplado la fachada de unos pocos edificios y no los problemas
estructurales más serios de los mismos.
Los derrumbes
vienen a empeorar la situación. Hace pocos días ocurrió
un desplome parcial en la calle Neptuno, entre Águila y Galeano,
en el municipio Centro Habana, con resultado de un lesionado. Incidentes
similares ocurren cada día.
La anunciada
"revolución arquitectónica" se resume en
marginalidad, barrios infuncionales como Alamar, solares de decenas
de cuartos con barbacoas, cientos de habitantes y un solo baño
colectivo. Y ruinas. Todo menos las casas de los "humildes"
faraones.
|