Es hija del
presidente interino de Cuba y especialista en sexología.
Llegó a la ciudad para participar de las Jornadas sobre
Diversidad Sexual y Políticas Emancipatorias. Habló
con Hoy de la salud de su tío, de Estados Unidos y el "bloqueo".
También de la continuidad sin Fidel
Mariela Castro, sobrina de Fidel Castro e hija del presidente
interino de Cuba, Raúl Castro, visitó La Plata y
dejó la inconfundible huella revolucionaria en las aulas
de la Facultad de Periodismo de la UNLP. Ellos -por Estados
Unidos- tienen un objetivo: repartirse lo que queda de los recursos
naturales y materiales del mundo. Lo van a seguir haciendo, lo
que hace falta es que, justamente, los gobiernos se opongan.
Sin custodia personal y con el carisma típico de los cubanos,
Mariela, sexóloga de 44 años, no llegó hasta
nuestra ciudad para hablar de política, el bloqueo comercial
a la isla o el estado de salud de su tío Fidel, pieza clave
en la revolución que llegó al poder de Cuba el 1º
de enero de 1959. Lo hizo para participar de las Jornadas sobre
Diversidad Sexual, Género y Políticas Emancipatorias:
Vengo a contar la experiencia cubana para que, si la quieren
tener en cuenta, la tengan. Sin embargo, con Hoy se animó
a hablar de todo.
-¿Qué opinión le merece la votación
histórica en ONU, donde se condenó el bloqueo comercial
a Cuba?
-Se trata de un bloqueo económico financiero y comercial
que trata de hacer colapsar la revolución. No logran aprender,
a lo largo de casi 50 años de historia, que la revolución
Cuba no va a ceder y que ningún país aspira a ser
esclavo nuevamente. Aunque nos presionen, aunque tengamos serias
dificultades como las que nos crea este bloqueo, la revolución
va a seguir, incluso va a seguir cuando Fidel no esté científicamente.
Eso será muy doloroso pero lo tendremos como inspiración,
como referente, como guía, como aprendizaje.
-¿Este tipo de condenas pueden cambiar la postura de Estados
Unidos frente a Cuba?
-No, son demasiado arrogantes y poderosos como para cambiar por
un consenso en las Naciones Unidas, más teniendo dominadas
a las Naciones Unidas. Mira como hacen guerras a pesar de la opinión
pública internacional.
Ellos tienen un objetivo: repartirse lo que queda de los recursos
naturales del mundo y de recursos materiales, y lo van a seguir
haciendo. Lo que hace falta es que justamente los gobiernos se
opongan.
-¿Está preparada Cuba para continuar sin Fidel?
-Sí, estamos preparados. Va a ser muy doloroso, pero estamos
preparados porque no queremos mirar hacia atrás.
-¿Cómo es su estado de salud?
-Está mucho mejor, escribiendo, pensando y reflexionando.
Está tal como lo queremos ver. Ya sabemos que no tendrá
la misma vitalidad física, pero sigue pensando y haciendo
análisis de lo que pasa en el mundo y en Cuba. Y eso nos
da mucha satisfacción.
-¿Qué espera tras su visita a La Plata?
-Me siento de lo más agradecida y estimulada que me hayan
invitado a este intercambio con representantes de otros países
-entre los panelistas se encontraban, además de la hija
de Raúl Castro, los especialistas Beatriz Gimeno de España
y Rogelio Giménez de Chile-, y que justamente sea el Partido
Comunista el que esté moviendo para una redefinición
en la sociedad argentina. Me parece muy coherente desde lo más
profundo de lo ideológico, desde lo que se espera de un
Partido Comunista, que en otros tiempos estuvo muy relacionado
con ideas más dogmáticas, y que se esté revolucionando
estas ideas. Yo, simplemente, vengo a contar la experiencia cubana
para que, si la quieren tener en cuenta, la tengan.
-¿Cuáles son los principales puntos de la experiencia
cubana?
-El producto social de la revolución ante todo, como principio
de la Justicia social, la equidad, la solidaridad y, por supuesto,
la soberanía de nuestra nación. Lo que ha permitido
un país soberano es la alternativa del socialismo. En medio
de este contexto, que es la revolución, estaba muy necesitado
el tema de la diversidad sexual.
-El escritor Reynaldo Arenas denunció que en Cuba a los
homosexuales se los encarcelaba. ¿Qué hay de cierto?
-Mira, no es precisamente así. Reynaldo Arenas con su historia
personal hizo una buena operación comercial. Así
lo muestra en su novela. En los años 60 y 70,
en Cuba pasaban cosas similares a todo el mundo en relación
a la homosexualidad. La Sociedad Americana de Psiquiatría
la consideraba un trastorno mental, y tú sabes que ellos
ponen las pautas. Por fortuna, desde hace algunos años
se la reconoce como una manera más de vivir la sexualidad
en el ser humano. La Organización Mundial de la Salud (OMS)
también lo reconoce de ese modo.
Cuba era un país homofóbico. Se hizo una revolución
con una gran carga machista, independientemente de que las mujeres
comenzaron a unirse y a establecer una política a favor
de los derechos de la mujer. Aún así, los aspectos
homofóbicos no se movían. Muchos creían que
el homosexual debía ser modificado, corregido, era el pensamiento
que predominaba en la época, hasta los psiquiatras hacían
terapia para corregirlos.
Cuba fue muy coherente con el pensamiento dominante, pero puedo
asegurar que en la isla no hubo asesinatos de homosexuales, no
hubo torturas a homosexuales, hubo humillación y eso está
mal. Me agrada que hoy en Cuba se estén discutiendo estos
problemas. Se hable de lo que pasó para sacar aprendizaje
y no se repitan errores. Eso me parece bien; es muy revolucionario.